EL MUNDO ESTÁ POR ENCIMA DE LA PERVERSIÓN
Pedro Estacio
Existe un gigantesco mundo universal, ampliamente infinito, que a todas luces tiene años luz por encima del la ambición, la mentira, el poder y la perversión de unos cuantos seres humanos a quienes poco les importa lo que pueda sucederle a los demás.
Es incomprensible y no hay maneras de comparar, por ejemplo, el anunció de la operatividad, por decir, casi lista, de los taxis aéreos en China (dada a conocer esta semana) y aquella malsana decisión de un hombre de color identificado como Barak Obama, de calificar a la república bolivariana de Venezuela como una amenaza a la seguridad de Estados Unidos. Dos acciones con calidad que las hace distintas.
Lo que se saca en claro de todo esto, es el buen y el mal uso del poder. Por un lado de la autopista se desliza la ambición hermanada con la mentira y un individualismo perverso que se ejecuta con el poder, mientras en dirección opuesta marcha un esfuerzo del poder que busca con ciencia y tecnología adornar un sentimiento de beneficio colectivo.
No hay que adentrarse tan lejos en la historia para conocer los asuntos que giraban en torno a las dos primeras grandes guerras en las que murieron millones de personas y en las que hubo intenciones, buenas y malas, que presuntamente avizoraban un futuro mundo diferente.
Ciertamente ha sido diferente; por un lado mejor y por el otro terrible. Una mala intención aparentemente es aplastada mientras, veladamente, surge otra detrás de un telón que no deja ver con claridad la calidad de la obra anunciada como buena, pero donde los intereses, disfrazados, comienzan a moverse.
Ese fue, aparentemente, el inicio de la Organización de las Naciones Unidas, ONU, y muchas mas asociaciones que, como telaraña cubrieron a todos los países como un gran paraguas, pero que dejaba entrar el agua de lluvia a raudales y los rayos inclementes del sol de acuerdo a los intereses de quienes estaban detrás de la citada organización. Todo ello en aparente concilio no religioso, solo de expertos.
Lo cierto de todo, es que la inclemencia del tiempo benefició a algunos países y gobernantes y a otros no, lo que ha permitido, hoy día, apreciar las deformidades de la sociedad en la que vivimos.
Por ejemplo, sin ir siglos atrás en el tiempo, regiones de países de África, Medio Oriente, Asia, América Latina y el Caribe nunca han sido beneficiados por la gracia de ese mundo que comenzó a ser levantado luego de la segunda guerra mundial, por el contrario, siguieron siendo las tierras aptas para el despojo.
El despojo, la producción de guerras intestinas y la explotación generaron muerte y desolación en regiones africanas y, en los últimos tiempos, una gigantesca migración de humanos hacia la Europa que nunca los ha querido.
Por increíble y loco que pareciera, hacia lo que algunos llamaron en el pasado el nuevo mundo, Latinoamérica, migraron los europeos en busca de una mejor vida. Así ocurrió en Venezuela, nación que recibió, respetó y acogió solidariamente a miles de europeos y sin embargo, hoy este país, como muchos otros, es víctima de la ambición, el poder, la mentira y la perversión de seres humanos que poco les importa lo que pueda suceder con la mayoría humana.
Pero los seres humanos, aunque no lo parezca, siempre estarán por encima de la perversión de algunos seres, de esos que creen ser los dueños de un poder absoluto que les permite ver a otros como hormigas e intentar pisotearlos y deshacerse de lo que molesta sus propios intereses.
La perversión, la mentira y el poder no están lejos del hombre, mas le rodean y enfatizan sus equivocaciones, como sucede hoy día en muchas partes de este planeta. En Venezuela hay un proceso original que va siendo descubierto por su propia gente y va incorporando bondades colectivas y haciendo lo posible porque su pueblo elimine, cada día, las posibilidades de la perversión, la mentira y el teatro y termine por concretar ese colectivo social que dará lugar a un nuevo poder.