¿Puede la televisión
ser instrumento para la educación?
Pedro Estacio
La pregunta ¿Para qué sirve la televisión?, hecha hace medio siglo atrás, pese a que nunca ha tenido una respuesta algunos estudiosos entienden que si bien nada tiene que ver con las necesidades de desarrollo y crecimiento de las personas en una sociedad cualquiera, responde de modo permanente a intereses muy particulares que se entrelazan como el económico, político, deportivo, etc.
Es muy posible, bastante probable, que los descubrimientos en el planeta nazcan como respuestas a los sueños o ideas de los seres humanos, pero me parece que nunca han obedecido a ese interés económico que hoy está detrás de cada iniciativa de hombres y mujeres.
Particularmente en lo que concierne a la televisión, ese infaltable huésped que hoy tenemos hasta en la mas descuidada habitación que en ocasiones pasa como hogar, algunos la aprecian como un poder informativo que suele satisfacer a quienes gobiernan una determinada nación y otros suelen verla como un gigantesco negocio con dos opciones fundamentales, el poder informativo y de convencimiento de la gente para que consuma y el productor de un generoso ingreso de dinero.
La televisión podrá ser vista de cualquier manera, pero jamás la verán como una ventana educativa que oriente a millones de personas y si como interventora de sus mentes. Las personas no la sienten como una herramienta que oriente en el sentido de formación de un hombre con cualidades para las necesidades de la sociedad, para su desarrollo y buena marcha del colectivo.
La televisión no es para eso -se escucha decir- es para la diversión y el entretenimiento y a causa de esa concepción todas las estaciones de televisión tienen su caudal de telenovelas e inundan los hogares con un modelo de vida (aquí está la orientación que persiguen) realmente muy penoso y hasta muchos países, entre ellos Venezuela, se convirtieron en dinámicos exportadores con sus mensajes de amor, de la cenicienta que sale de la pobreza o del pobre que descubre ser hijo abandonado de un millonario y cosas parecidas, pero muy pocos, realmente pocos, abordan las problemáticas que tienen las personas en las sociedades.
Otras estaciones se inclinan por la indagatoria de la vida de los artistas y los concursos que entregan como premios artículos electrodomésticos y también los encontramos en concursos de bailes y de cantantes, pero nada que tenga que ver con la educación de las personas, porque (según algunos) la televisión no es para eso. Otros en cambio, optan por el deporte porque también allí hay dinero por aquello de las trasmisiones y el gran repertorio de cuñas que aumentan las cuentas de los dueños de las estaciones de televisión, basta ver lo que sucede con el mundial de fútbol.
La transmisión de hechos históricos viene siendo bastante tratada por algunas plantas de televisión al igual que acontecimientos culturales que están altamente vinculados con la historia de las regiones y de los pueblos y, también en ese sentido, las diversas actividades particulares que caracterizan a los pueblos y regiones pintorescas.
Pero en el fondo, lo que se observa es muy poca creatividad ya que la mayoría de las empresas de televisión se dedican a copiar lo que se hace en los Estados Unidos y Europa, aunque es necesario aclarar que las programaciones plantean los mas variados temas que tienen que ver con el ambiente, la gastronomía, la fauna, el turismo, la agricultura, la cría y otras posibilidades, pero es apenas ahora cuando se está haciendo una mejor televisión, al menos en Venezuela, donde está siendo tratado, discutido el tema tecnológico y el desarrollo así como las antiguas civilizaciones, modos de vida y muchos aspectos de la prehistoria, aunque presenten su lado negativo como el chisme, la gritería y los programas banales.
Camino a la participación
Definitivamente la televisión puede ser un modelo educativo sin dejar de ser rentable, solo que lo económico no puede estar por encima de la difusión de un valor de conducta útil a la sociedad y no puede permanecer como huésped ignorante de las realidades necesarias de los pobladores y tampoco puede ser un mal ejemplo como fue apreciado no solo en Venezuela sino a nivel internacional, donde la televisión fue utilizada para manipular a la población de un país al estar sumida en un complot para derrocar al presidente Comandante Hugo Rafael Frías, creador de la revolución bolivariana.
Las ambiciones por las grandes fortunas y el poder político de quienes ignoran el sentido de la igualdad y optan siempre por las diferencias estuvieron fusionadas con el único propósito de crear una realidad que permitiera controlar los destinos de una nación y asociarla a circunstancias alejadas de un proceso revolucionario en marcha. Pero utilizar la televisión como una herramienta que facilitara cambiar la visión de lo que ocurría para aquel entonces resultó todo un error, como está ocurriendo en los actuales momentos en los que a través de la televisión y las redes, enmarcados en una mala política, no solo ignoran acontecimientos reales como los representados por el genocidio en Palestina ocasionado por Israel, la guerra que hace Ucrania, las ilegales acciones contra Cuba y Venezuela y otras naciones, sino que a través de lo audiovisual tuercen la verdad de los hechos.
Lo que ha estado ocurriendo es un mal uso de un medio de comunicación que hoy día lo sigue estando a nivel mundial, con el acompañamiento de las redes y que dota a las personas, a las poblaciones, de visiones erradas o alteradas de los acontecimientos o simplemente los ignoran, mientras se espera una verdadera transformación de los medios de comunicación y entre ellos la televisión.