La vieja época petrolera
Mientras salían los barriles
todo marchaba de maravillas
El gran reto de la Revolución Bolivariana es su cualificación, llegar a las raíces que dan razón de ser al estado de crisis y atraso en que el capitalismo ha mantenido a nuestro pueblo y construir colectivamente las respuestas idóneas para salir del mismo.(Revolución en la revolución/Luis Villafaña)
Pedro Estacio
Este caluroso agosto de 2026 Vladimir Adrianza, muy conocedor del área petrolera, reiteró algo que, como periodista, ya había escuchado antes, mas de treinta años atrás, del autor de la Ciencia Amena, el camarada Arístides Bastidas, como es profundizar en el desarrollo de la industria del petróleo ya que con ese recurso mucho se podía hacer. El único problema que teníamos, entonces, es que eran contados, muy contados, quienes se preocupaban por ello.
Y es que, en efecto, parece que el espíritu que embargaba a todos los gobiernos desde el General Juan Vicente Gómez hasta Carlos Andrés Pérez, era el espíritu de “todo está bien”, mientras los barriles de ese famoso aceite salían al exterior de la nación, pagando un precio regalado que para algunos venezolanos y extranjeros significaba el robustecimiento de sus cuentas.
No vayan a creer los lectores que eso sucedía exclusivamente con el petróleo. Nada que ver. Sucedía en todos los aspectos de la vida venezolana porque quienes gobernaron al país, solamente pensaron en ellos y en quienes los rodeaban y aplaudían, un poco como lo que vemos en las películas que se hacían sobre los viejos tiempos y en donde era usual costumbre besar una mano de los poderosos de entonces y entre ellos la mano sacerdotal.
Si los acontecimientos hubiesen sido distintos, Caracas estaría rodeada de verdes y hermosas montañas, pero no fue así porque los gobernantes jamás se ocuparon de desarrollar sus propios lares. Quienes gobernaron regiones solo tuvieron como objetivo central llenar sus cuentas de dinero con lo poco que hacían mientras los tontos y no de capirotes precisamente, se alejaron de sus provinciales chozas y marcharon “Pa' Caracas, aunque sea a pasar trabajo”.
Así, hubo una gigantesca aunque lenta migración que convirtió las montañas en cerros y casi todos los demás sectores en barrios y unas cuantas parroquias donde vivían los que mas podían costear o los herederos de los restos coloniales. Los de abajo, como es de esperar, nunca pensaron en el petróleo y la abundancia de recursos que el país tenía. Una verdad dolorosa que sentían los pensadores honestos, pero hasta allí, porque todo pasó a manos de los partidos y amigos del extranjero y de las grandes compañías que en el pasado dominaron y controlaron a los habitantes de Venezuela.
Tan es así eso de que lo que importaba para entonces era mantener placenteros compañeros de los regímenes que lo único que importaba, para entonces, era el aplauso. Veamos un poco algo de Pío Gil, cuyo nombre verdadero fue Pedro María Morantes y quien fue calificado en 1942 por Andrés Eloy Blanco en San Cristóbal de la siguiente forma: “Pío Gil en el mundo es un beato de la libertad”.
En el libro “Aduladores y Adulados Marcados por la historia, lectura para aspirantes en los panfletos
de Pío Gil. Amarillo (1911), Azul (1912) y Rojo (1913), del Fondo Editorial Nacional /José Agustín
Catalá, editor/ 1999, el autor escribe que “Escuchar con el silencio tanta inmoralidad, no es ya una cobardía: es un crimen. El que conociendo la inmoralidad no la denuncia, se hace coautor de ella”. Pero antes, Pío Gil decía que “El castigo que merecen los déspotas y los explotadores del pueblo, no prescribe con la muerte de ellos. Ya que no se puede castigar su persona, hay que castigar su memoria”. Y también escribía que, “Ante la banda de malhechores que se ha adueñado del poder, no se necesitan apóstoles, sino jueces”.
Tiempo no tan normal
Cuando los medios del país veían con normalidad los acontecimientos de entonces, que no eran tan normales, surge una voz crítica, que protesta militarmente, pero cede para evitar un baño de sangre y es el Comandante Hugo Rafael Chávez Frías, quien asumió la responsabilidad de su enfrentamiento frente a una administración nada honesta y sus acompañantes de los medios de comunicación. Eso le costaría prisión y críticas, pero le aseguró la victoria porque los venezolanos creyeron en él.
Una vez en el poder, todo comenzó a cambiar y a inclinarse hacia la población y así comenzó una transformación que daría paso a una revolución que tendría la imagen de Simón Bolívar creador de ella a través de sus ideas y batallas y su visión política, que es la que todos los venezolanos tienen en sus mentes, pese a las agresiones continuadas de la cual ha sido víctima la nación.
Muy continuadas con las medidas, los ataques políticos internos, de los medios de comunicación, los robos, el secuestro violento del presidente Nicolás Maduro y su esposa la Diputada Cilia Flores y las agresiones contra la presidenta encargada Delcy Gómez y etcétera etcétera. Y todo lo que ha significado el doblete sísmico. Si antes eran pocos los que se preocupaban por lo que acontecía en Venezuela, la dolorosa tragedia que hemos tenido ha mostrado que todo el país es solidario y está dispuesto a seguir adelante, a seguir con su revolución y a transformar todo lo que tiene que ser transformado.