“…, la revolución venezolana no es más que la continuación de la obra de Miranda y Bolívar
por medios modernos”.
Alí Gómez García
Cada vez que leemos
sobre esa figura mundial de Francisco de Miranda, conocemos aspectos, detalles
de un hombre como él, que tuvo una talla realmente increíble, no descrita con
la sencillez banal como lo han presentado en el pasado a venezolanos y
latinoamericanos:
¡Sí, el Generalísimo
Francisco de Miranda! ¡Su nombre está en el Arco de Triunfo de París!
Pero es que
Francisco de Miranda es más que otro de los generales de las guerras que hacía
Napoleón Bonaparte. Este soldado universal, de antecedentes y sangre canaria, hoy día, siglos después,
sigue siendo un sueño sobre la patria grande, que, con Simón Bolívar, ha
perdurado en los americanos de este continente del sur.
Mariano Picón Salas,
literato andino de variada pluma, en su libro Miranda, que cumplió más
de 70 años, nos comenta que La tosquedad de modales, su ignorancia y
falta de cortesanía era lo que los patricios criollos satirizaban, por sobre
toda otra cosa, en los inmigrantes canarios; y si hay algo en que se
esmera Miranda es en adquirir junto con
su cultura en arte, ciencia militar y política, el más pulido cortesanismo de
una época que gustaba de la conversación, las fiestas y besamanos. Por su
apostura física y elegancia viril lo compara
cierta admiradora francesa en 1802 a un busto de Escipión en mármol de Paros
que se desenterró de los escombros de Chantilly. Y a través de sus viajes
europeos –en la Rusia de Catalina, en la Suecia de Gustavo III, en el Potsdam
de Federico o en los clubes londinenses- deja la leyenda de un como atrayente y
sapientísimo marqués de una lejana provincia española, rebelado contra su rey,
pero que tiene el don de convencer y hacerse amigo en tres o cuatro idiomas
modernos y que puede hablar con soltura desde el tema más serio hasta el más
libertino.
Pero ese Miranda,
como escribió el fallecido Alí Gómez García, quien no solo fue guerrillero
militante de las Fuerzas Armadas de Liberación
Nacional ,FALN, sino poeta y escritor,
“…asumió la dirección de la Sociedad
Patriótica de Agricultura y Economía, imprimiéndole un giro hacia la discusión
de problemas políticos e ideológicos. Esta sociedad se fue convirtiendo en un
club político abierto también a los mestizos y capas humildes de la población”.
Esa ocasión fue tan
importante para Francisco de Miranda por sus prédicas republicanas y
democráticas así como su inclinación por la independencia absoluta, tanto así que,
quienes lo criticaban consideraban que la Sociedad Patriótica era una logia masónica, un club jacobino, según
Alí Gómez.
Quizá algunos
lectores inclinados hacia la historia pudieran pensar que Francisco de Miranda fue
un gran soldado, un hombre curtido simplemente en conspiraciones y en las
guerras de la vieja Europa, pero hay que tener bastante claro, que fue un
pensador, un hombre con una visión de patria, solidario con sus ideas de
convertir al continente donde había nacido en una patria grande.
Nos dijo Alí Gómez
García en su libro Francisco de Miranda, Peregrino de la Libertad que, en las
discusiones sobre el modelo de Constitución para Venezuela, privaban las tesis de
quienes se identificaban por un Estado fuerte como Francisco de Miranda, Simón
Bolívar y el fogoso Antonio Muñoz Tébar y otros que pensaban que el país debería
ser un modelo similar al federalista de Estados Unidos. Miranda, en ese
sentido, escribió su opinión al firmar la Constitución, y donde muestra su
visión de lo que ocurría entonces:
“Considerando
que en la presente Constitución los poderes no se hallan en justo equilibrio,
ni la estructura u organización general es suficientemente sencilla y clara para
que pueda ser permanente, que por otra parte no está ajustada con la población,
usos y costumbres de estos países, de que puede resultar que en lugar de
reunirnos en una masa general o cuerpo, nos divida y separe en perjuicio de la seguridad
común y de nuestra independencia. Pongo estos reparos en cumplimiento de mi
deber”.
La agitada vida de
Sebastián Francisco de Miranda por Estados Unidos, España, Inglaterra, Francia,
Bélgica, Holanda, Rusia, etc., junto a la participación en diversas batallas
así como sus observaciones, variadas tertulias y sus amplias lecturas y entrevistas con personalidades
políticas de alto nivel, le concedieron una imagen, si se quiere, bastante
contradictoria para quienes han escrito acerca de su vida.
El fallecido Alí
Gómez García escribió que “Los
ingleses llamaron al Precursor notablehispanoamericano, hombre de ideas
excelsas y hondos conocimientos, erudito y con gran experiencia de la vida,
mártir de la Inquisición española”, mientras los
rusos zaristas lo calificaban como “exótico huésped, hombre de extraordinaria
personalidad e inteligencia, de carácter honrado y noble. Eso hasta que se
enroló con los revolucionarios franceses, porque de ahí se convirtió en un
hombre capaz de desempeñar un papel tan estúpido”.
En el partido de la Gironda –sigue Gómez García-
se le tuvo por caudillo filósofo, hombre de sabio patriotismo y apasionado celo
en el cumplimiento de su deber, abogado de la revolución, ciudadano ejemplar,
jefe militar de talento y revolucionario honrado.
Pero los jacobinos
lo veían de otra manera y contra él lanzaron una variedad de calificativos que
lo desvirtuaban, tales como aventurero y espía, enemigo del pueblo o cómplice
de Dumouriez (Carlos
Francisco), agente de los Estados Unidos e inepto. Napoleón
al conocerlo dijo que Es un Don Quijote, con la única diferencia
de que no está loco.
El Generalísimo Miranda
tampoco se escapó de las lenguas españolas, quienes lo llamaron “mulato,
encausado, mercader, aventurero indigno, contrabandista, traidor a la patria,
prófugo, peligrosísimo enemigo de España, facineroso, librepensador de cuidado,
impostor y sinvergüenza, traidor condenado por delitos políticos, hombre peligroso
para su monarca, oveja descarriada, terrible y peligroso, judas, capitán de
terrorífica banda de piratas, matones y delincuentes, anticristo, demoníaco y
protestante, apóstata, pirata inglés, delincuente de Estado, nuevo Belial (especie
de hijo del infierno), monstruo insensato, extranjerizante, impío
volteriano”.
Sobre la
personalidad y las actuaciones del más universal de los venezolanos y su
detención final por parte de Monteverde, Alí Gómez García escribe que “…se
puede decir que cada autor consultado tiene una versión diferente de este hecho
doloroso que costó el que se tronchara la heroica carrera del Precursor, y que
Bolívar, el Libertador, haya tenido que iniciar la suya mediante un pasaporte
rogado a Monteverde”.
Para nosotros, –dice este autor- que
de ninguna manera queremos oponer la trayectoria del Precursor a la de Bolívar,
sino que, al contrario, las entendemos como complementarias, Miranda cayó en
manos realistas como producto de la venganza del partido
esclavista-terrateniente, que siempre estuvo dispuesto a pactar con España y nunca
a seguir las peligrosas utopías mirandinas.
Para no dejar nada afuera, este
fallecido hombre de izquierda nos dice que, en la especie de conjura que se
abatió sobre el Generalísimo, habrían intervenido “…personajes mantuanos que
simbolizaban muy bien las actitudes
futuras del bloque aristocrático
venezolano. Manuel María de Las Casas, comandante del puerto de la Guaira
luego de la prisión de Miranda se reintegró al partido realista; Miguel Peña,
enemigo de Miranda a partir de que este expropiara a su padre cuando la
sofocación de motín monárquico de
Valencia, posteriormente se quedaría en el bando patriota como uno de los
enemigos políticos más acérrimos del Libertador ; y el propio Bolívar cuya obra
futura no tendría nada que ver con la reconciliación con la madre patria, ni
con la entrega de nuestro país a otro imperio, ni con la perpetuación del régimen esclavista feudal.
Antes bien, sabemos que gastó
el resto de su vida en desarrollar y
enriquecer al máximo el programa mirandino, síntesis a su vez de los ideales de
quienes lo antecedieron, y aplicación tropical de lo más revolucionario de la
época.
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