Sociedades Americanas en 1828

La juventud americana necesita abrir los ojos sobre su situación, y los niños tienen que aprender a leer. Los jóvenes que han de reemplazar a los padres de hoy, deben pensar y escribir mejor que sus abuelos, si quieren que en América haya patria y lengua. Esto no lo conseguirán con escrúpulos, ni con burlas, ni con puntitos de erudición.
Simón Rodríguez, en Sociedades Americanas en 1828



viernes, 22 de abril de 2011

Una resistencia digna y heroica, la indígena





Seguimos mostrando más de la Colección Bicentenario del diario el Correo del Orinoco, de Venezuela, y en esta oportunidad escribimos en torno a la sencilla publicación Resistencia Indígena, con guión de Michel Bonnefoy e ilustración de Omar Cruz, y en la que nos ofrecen una visión de una manera diáfana, comprensible para niños y adultos, tal guión para radio o televisión, la agresión que sufrieron los primitivos habitantes de este continente del sur en ese encuentro, y no descubrimiento(creencia firme de quien escribe pertinentes), con los brutales imperios europeos.
Así, Bonnefoy escribe:
Al poco tiempo de haber desembarcado, los españoles desvelaron su naturaleza intrínseca, que los pueblos originarios sufrieron en carne propia. Los conquistadores nunca alimentaron otra intención que no fuera enriquecerse a costa de la explotación de las tierras descubiertas (a nuestro juicio la palabra correcta sería desconocidas) y su población nativa.
Hace referencia Bonnefoy al la visión que el mismo Cristóbal Colón se habría hecho de aquel encuentro con los habitantes primigenios de Suramérica, al escribir con descalificación e ignorancia en su diario, el 16 de diciembre de 1492, lo siguiente:
-Ellos no tienen armas y son muy cobardes y así son de buenos para mandarles y hacerles trabajar, sembrar y hacer de todo lo otro que fuese menester.
En este capítulo inicial, Bonnefoy refiere que indígena que se opusiera a los deseos de los españoles ya sabía qué venía para él, es decir, que les montaban unos grillos de metal encima y de paso serían forzados a trabajar como esclavos para los extranjeros agresores. Y tal conducta hacia los hombres era igual de válida para las mujeres y peor, porque estas además satisfacían las necesidades de estos malhechores venidos de otras tierras. Y así:
Los excesos cometidos (una tendencia muy generalizada en quienes se saben poseedores de fuerza bélica, juicio de pertinentes) y la injusticia instaurada por la fuerza provocaron la rebelión de los nativos en todo el territorio americano. Canoabo, cacique de los caribe, lideró el primer levantamiento en la isla La Española, donde tomó por asalto el Fuerte de la Navidad, matando a sus 39 ocupantes. En sucesivas batallas se enfrentó a las tropas de Colón, hasta ser derrotado y aprisionado por Alonso de Ojeda, quien lo envió junto a su hermano a España para ser vendido como esclavo  en el año 1496.  
Esa rebelión en La Española –continúa Bonnefoy- fue sólo el inicio de un largo y doloroso proceso de resistencia indígena a la ocupación europea, que adquirió características diversas en las distintas regiones de toda la geografía de continente.
Una primera gran lección de nuestros aborígenes
Interesante registrar acá lo que escribe el catedrático de la Universidad de Carabobo (Venezuela), José Manuel Hermoso González, en su libro Pueblo Protagónico (1498-1798) Historia de las luchas sociales y políticas del pueblo venezolano, en el capítulo Primera gran guerra por la libertad y otras luchas populares, a título de introducción escribe: 
   En una época tan lejana para nuestros lectores como 1955, ya el prestigioso profesor e historiador Isaac J. Pardo había publicado su valiosísima historia del siglo XVI venezolano que tituló Esta Tierra de Gracia. Un estudio que por su contenido también podría haberse titulado –utilizando la expresión que por primera vez oímos en boca de ese otro gran venezolano que se llamó Miguel Acosta Saignes- Historia de los cien años de resistencia indígena a la conquista de Venezuela.
En efecto, durante los primeros cien años transcurridos desde que los exploradores y posteriormente conquistadores europeos posaron por primera vez sus plantas sobre este territorio en 1498, hasta mucho más allá de 1598, los aborígenes de estas tierras nos dieron una primera gran lección de lucha por la libertad.
Y sigue:
Pero no sólo los aborígenes. Lo que sociológica e históricamente podríamos llamar, raíz o matriz del pueblo venezolano –en otras palabras- el pueblo en proceso de surgimiento, aquel pueblo que se iba formando, lo iba haciendo precisamente en lucha, en lucha contra sus opresores. Para indios, negros y mestizos la lucha por la libertad ha sido siempre punto de encuentro y forma de integración.
El profesor Hermoso González sigue escribiendo:
Y así ha continuado sendo. En efecto, el pueblo venezolano es uno de los pocos pueblos del mundo que ha luchado siempre en contra de la opresión. Dentro y fuera de nuestras fronteras. Nunca Venezuela ha participado en una guerra contra otra nación. Nunca un venezolano ha cruzado los límites de la patria para invadir, oprimir, conquistar o colonizar otros rublos.
Solo hemos luchado fuera de nuestras fronteras para llevar la bandera  de la libertad y de la soberanía a la Patria Grande Latinoamericana, blandida con un canto de unidad e integración en las gargantas. Pabellón tricolor que ondeó en las gloriosas manos de Bolívar, Sucre, Flores y Urdaneta, junto a otros bien llamados padres de la nacionalidad.
Guaicaipuro, primera gran guerra por la libertad
En Resistencia Indígena, Michel Bonnefoy señala que a los 20 años, el joven Guaicaipuro asume e mando de las tribus caracas y los Teques, después que había muerto en 1550 el cacique Catuche y es el joven indígena, poseedor de una gran astucia, sagacidad y habilidad estratégica de acuerdo al docente e investigador Hermoso González, quien mantendrá en jaque a lo conquistadores durante un buen tiempo, es mucho lo que daría que hacer.
Por su parte, Bonnefoy dice que Guaicaipuro “se enfrentó por primera vez con los españoles cuando éstos invadieron el territorio  de los Teques  para explotar una mina de oro.” 
Escribe Bonnefoy que Guicaipuro habría logrado una alianza estratégica con otros caciques de la región, sin embargo, para el catedrático Hermoso González es más profunda. Y escribe que “A principios del año 1560 Fajardo (Francisco) bajó al Litoral y allí fundó la población de El Collado (actual Caraballeda) la cual –con su respectivo cabildo- se convirtió  en la ciudad más importante de la región central  durante esos años. En aquellos momentos se inicia la cruzada liberadora que consagrará históricamente las hazañas del gran cacique Guaicaipuro y de su “estado mayor” integrado por Paramaconi, Terepaima, Cayaurima, Tiuna, Tamanaco, Caurimare y tantos otros como Guaicamacuto, Guarauguta, Aricabacuto, Chacao y Baruta”.
Pese a lo anterior y pudiendo disponer de una gran cantidad de valientes, cerca de 20.000 en total con los que se disponía dar una batalla final para derrotar a los españoles, no funcionó bien el operativo indígena contra los españoles que dirigía Guaicaipuro. Poco tiempo después, sería víctima de unos 80 hombres enviados por  Diego de Losada y al frente de quienes se encontraba el alcalde Francisco Infante. Atacaron de noche sorprendiendo al cacique, pero este prefirió morir antes de rendirse.
En Resistencia Indígena, Bonnefoy lo describe de la siguiente manera:
Rodeado en su cuartel de Suruapo por las tropas enviadas por Diego de Losada, prefiere morir luchando antes de ser apresado como esclavo. Según las crónicas e la época, éstas fueron sus últimas palabras: “¡Ah, españoles cobardes…Yo soy Guaicaipuro a quien buscáis y quien nunca tuvo miedo de vuestra nación soberbia. Aquí me tenéis, matadme, para que con mi muerte os veáis libres de temor que siempre os causé!”

Colección Bicentenario
Correo de Orinoco
Caracas-Venezuela
www.correodelorinoco.gob.ve 

domingo, 17 de abril de 2011

Con Colón empezó el saqueo





Entusiasmante la lectura de los folletos que está publicando el Correo del Orinoco, de Venezuela, con el guión de Michel Bonnefoy y la ilustración de Omar Cruz, (1) donde es mostrada una visión crítica acerca de la llegada de los españoles a nuestro continente, que muchos –incluidos nuestros historiadores- vendieron como un gran descubrimiento, cuando de lo que se trató fue de un encuentro  nada beneficioso para los nativos de lo que hoy es Suramérica, e incluso, muchos consideran que fue la aventura del despojo por parte de los españoles.
De hecho hay una buna ambientación del guión de Bonnefoy, Con Colón empezó el saqueo, que lo  muestra de la siguiente manera:
Corría el mes de agosto de 1498 cuando los aborígenes habitantes de la península de Paria divisaron en el horizonte las velas desplegadas de una carabela. No conocían ese tipo de embarcaciones ni sabían que su tripulación estaba compuesta por salvajes, conquistadores sedientos de oro, de perlas preciosas y todo tipo de riquezas, que solían engrillar a la gente para obligarlos a trabajar para ellos.
¿Qué podían esperar los atónitos indígenas de los extraños visitantes, si desconocían las barbaridades de un mundo bañado por la mentalidad feudal, cuya esencia estribaba en considerar a los demás como vasallos, si bien es bueno reconocer que a nuestros indígenas, más bien los trataron como a siervos?
Les dieron hospitalidad porque inoraban su maldad
Y el guionista sigue: “Nada se sabía en esas tierras “inexploradas” sobre los estragos que esos mismos invasores estaban causando entre la población nativa de La Española. Los aborígenes de Paria acogieron  a los extraños con hospitalidad porque ignoraban que en las islas estaban apresando a la gente para venderlos como esclavos en España o para ponerlos a trabajar la tierra que se apropiaron sin miramientos”. 
Los pueblos que se resistían al saqueo eran masacrados; las mujeres violadas, y los sobrevivientes, torturados como escarnio. Estas matanzas fueron descritas clara y crudamente por un fraile de la época, Bartolomé de Las Casas (1484-1566).
El catedrático de la Universidad de Carabobo (Venezuela) José Manuel Hermoso G., docente a dedicación exclusiva  en la Cátedra de Historia de Venezuela, de la Facultad de Ciencias de la Educación, de la nombrada universidad, en su libro Pueblo Protagónico (1498-1798), Historia de las luchas sociales y políticas del pueblo venezolano,(2) reitera en cierto modo tal comportamiento con nuestros indígenas, al escribir: 
Fray Bartolomé de Las Casas, dominico pacifista e indoblegable defensor de los aborígenes americanos sostiene que los pobladores de estas tierras eran hombres sencillos, ingenuos y muy pacíficos, incapaces de hacer mal a nadie; sin embargo, -agrega- los alemanes, cuyo objetivo era robar el oro sin reparar en los medios se comportaron  con tal crueldad y sadismo que los españoles más despiadados aparecían comparativamente como mansos corderillos. 
Y más adelante:
Cual feroces alimañas, abandonando todos los principios y todos los límites impuesto por Dios, por el Rey y por la humanidad, Alfinger (Ambrosio) y sus hombres cometieron todo género de atrocidades, y a los aborígenes que lograron doblegar les sometieron a suplicios y tormentos inenarrables. Apodado por sus contemporáneos “Micer Ambrosio, el más cruel entre los crueles” Alfinger se comportó con un auténtico carnicero de cuerpos humanos, especializado en cortar a los indígenas en pedazos lo que hacía casi siempre antes de darles muerte.
Narra el historiador de la Universidad de Carabobo que el alemán Alfinger, con la idea fijada en su mente rebuscar oro a como diese lugar y robárselo, no hubo territorio que dejara de recorrer  así, arrasaba, destruía, exterminaba y robaba a los habitantes de los pueblos por donde pasaba.
Convirtió en cenizas poblaciones enteras así como extensos sembradíos. Un capitán de apellido Cardozo recorrió un territorio de más de treinta leguas a la redonda, un año después de haber sido “visitado” por Alfinger sin encontrar una sola casa en pie. 
Pero hay más:
Los alemanes imponen el camino de la violencia
Escribe el profesor Hermoso González que fueron cientos de miles los indígenas que perecieron en las operaciones de tierra arrasada impuestas por los alemanes y que los españoles prácticamente aprobaban. Téngase en consideración que el Rey Carlos I de España y V de Alemania, señala el docente, a causa del endeudamiento financiero con los banqueros alemanes, concede en 1528 a los alemanes Enrique Ehniger (o Alfinger) y Jerónimo Sayler (vasallos del rey y en ese acto representantes de los Welter) autorización para conquistar los territorios de la región llamada Venezuela. Lo cierto de todo es que estos alemanes realizaron cacerías de seres humanos, mataron y torturaron a miles y millones fueron sometidos a esclavitud.
Más de un millón de ellos  fueron vendidos en los mercados de Santa Marta, Jamaica, San Juan y en la propia Española, donde tenía su sede la Real Audiencia, lo que prueba la complicidad de los representantes de la Corona Española con los traficantes alemanes.  


(1)
Con Colón empezó el saqueo
Colección Bicentenario
Correo del Orinoco
2011
Imprenta Nacional y Gaceta Oficial
Impreso en la República Bolivariana de Venezuela

(2)
Pueblo Protagónico (1498-1798), Historia de las luchas sociales y políticas del pueblo venezolano.
HERMOSO G. José Manuel
Ediciones Protagónica
Valencia, Venezuela.
2008

domingo, 10 de abril de 2011

: Simón Rodríguez: ¡ Hagan una revolución y empiécenla por los campos!

El forjador del Libertador

                                                                                 
No es sueño ni delirio, sino filosofía…,
ni el lugar donde esto rehaga será imaginario,
como el que se figuró el Canciller Tomás Moro;
su utopía será, en realidad, la América.

¿Dónde iremos a buscar modelos?
La América Española es original. Original han
de ser sus Instituciones y su Gobierno.
Y originales los medios de fundar
unas y otro. O inventamos  erramos.
                                                   

Escribió el fallecido profesor Alfonso Rumazo González (fue docente de Historia en la Escuela de Periodismo en la Universidad Central de Venezuela, UCV, –después Comunicación Social) en su libro Simón Rodríguez Maestro de América, que publicó la Biblioteca Ayacucho en su Colección Clásica, que “La vida del maestro caraqueño ensanchada largamente hasta los ochenta y tres años, se divide en cuatro etapas nítidamente diferenciadas: un cuarto de siglo en Caracas; otro, en siete países de Europa; un tercer lapso –siete años- desde su retorno del Viejo Mundo hasta la muerte de Bolívar; y, un cuarto de siglo final, en el que publica sus obras. No hay cortes en esa existencia, a pesar de los múltiples viajes, sino del vigor de un plan que se desenvuelve en rígida unidad, dominadas soberbiamente todas las hostilidades, la pobreza tenaz y todas las peripecias adversas”.
Y más adelante, el profesor Rumazo González añade:
“Labora sin término, descubre, innova, intuye, crea, percibe a distancia de cien años  hacia el porvenir. Pero no le comprenden; y en ello va su drama gigante. -Hay ideas –expresa analizando su propia problemática- que no son del tiempo presente aunque sean modernas, ni de moda aunque sean nuevas. Por querer enseñar más de lo que todos aprenden, pocos me han entendido, muchos me han despreciado y algunos se han tomado el trabajo de perseguirme.    
Expone el docente de historia que, desde que tenía veinte años hasta los ochenta, Simón Rodríguez dio clases sin interrupciones y de esa manera logró descubrir y modelar un gran discípulo Simón Bolívar, El Libertador, cuya forja fue fundamentalmente suya.   
-Hubiese bastado eso –soltó como un heraldo el profesor Rumazo González-sólo para perennizar  el nombre del educador, a quien el discípulo le dijo por escrito:
“Yo he seguido e sendero que usted me señaló: No puede usted figurarse cuán hondamente se han grabado en mi corazón las lecciones que usted me ha dado; no he podido jamás borrar siquiera una coma de las grandes sentencias que usted me ha regalado. Siempre presente a mis ojos intelectuales, las he seguido como guías infalibles”.   
Expósito había nacido
Simón Rodríguez llegó a la vida un 28 de octubre de1771 (muere en 1854) y quienes recabaron información de primera en la sociedad de aquel tiempo, indicaron que su progenitor fue Alejandro Carreño y su madre Rosalía Rodríguez. Simón adoptó el apellido materno. Parece que por 20 años firmó  Simón Narciso.
En la segunda parte de su libro, el profesor Rumazo González escribió que, Simón Rodríguez, “Autodesarraigado, vuélvese hombre fluente que busca la riqueza de las mutaciones sin acelerar el ritmo clavado el ojo en la meta. No se detendrá en ningún sitio largo lapso –tres años, a lo sumo- durante las casi seis  décadas que ha de durar todavía su existencia. Teme echar moho, odia los muros. Su natural rebeldía impídele adaptase a ninguna ciudad a ninguna gentes; el sentido de rígida firmeza en sus convicciones agita sus aguas íntimas violentamente cada vez que tropieza con los contrarios, con os mutantes con los retorcidos y malévolos; en especial, con los de conciencia amaestrada hipócritas. Su reacción es siempre la de orgullo: Mi venganza es el silencio. Andariego, inatajable, llegará a la casa de la muerte todavía hechizado”. 
Sobre la educación republicana 
En el libro Simón Rodríguez Inventamos o Erramos, de la Biblioteca Básica de Autores Venezolanos, editado por Monte Ávila Editores Latinoamericana, se indica que en la capital de Colombia, el Neo Granadino publica en tres ediciones de los meses abril y mayo de 1849, la exposición que el Maestro de América le hace al gobernador de la provincia de Túquerres. Algunos aspectos revelan el pensamiento y sentir de Rodríguez sobre la educación.
Y así escribe:
Hace 24 años que estoy hablando, y escribiendo pública y privadamente, sobre el sistema Republicano,  y por todo fruto de mis buenos oficios, he conseguido que me traten de loco.
-Los locos y los niños dicen las verdades.-
La Potestad Paterna influyendo en la educación y en la elección de estado y profesión…y las leyes concediendo y protegiendo la facultad de Testar, son dos inconvenientes para emprender la obra de la República.
Toda mujer que pare, y todo marido porque su mujer parió…son maestros natos de cuanto el hombre debe hacer para entrar en sociedad. 
Y en otro aparte comenta:
Hágase algo, pues, por unos pobres pueblos, que no saben qué hacerse ni qué hacer con sus hijos.
Los directores de los pueblos y los que se creen dignos de serlo, debe conocer que a la educación que recibieron en su primera edad deben los homenajes que se les tributan – y que sin ella, estarían perdidos en la masa que desprecian. Cuiden de sus hijos; no sea que, por echarlos a granel en escuelas de especulación o de caridad, os vean mañana sumidos en una ignorancia más crasa que la que hoy consideran como inherente ala pobreza. El hombre no es ignorante porque es pobre, sino al contrario.
En la producción superflua está la desgracia del hombre
No dejó a un lado Simón Rodríguez su opinión sobre la producción y al respecto se refería en los siguientes términos:
En la producción superflua está la desgracia del hombre: por ella pierde y se empobrece: la pobreza lo somete a condiciones duras, y, al fin, la miseria lo vende al capitalista.
¿¡Cuántos descendientes de ricos hacendados no se ven hoy de mendigos o de tahúres!? Por eso no dejan los economistas de prodigar elogios ala agricultura ni de recomendar altamente al honrado labrador Hasta los poetas toman a su cargo el hacernos creer que la gente del campo es feliz, especialmente los pastores, porque pasan casi todo el día durmiendo.
Y en otro aparte:
Si lo americanos quieren que la revolución que el peso de las cosas ha hecho y que las circunstancias han protegido, les traiga verdaderos bienes, hagan una revolución económica y empiécenla por los campos: de ellos pasará a los talleres,  diariamente notarán mejoras que nunca conseguirán empezando por las ciudades.
Venzan la repugnancia a asociarse para emprender y el temor de aconsejarse para proceder.
Formen sociedades económicas que establezcan esuelas de agricultura y maestranzas en las capitales de provincia, y las extiendan, cuando convenga, a los lugares más poblados de cada una
que designen el número de aprendices y hagan reglamentos, para que los maestros
no hagan de sus discípulos sirvientes domésticos:
que no consientan que el comercio asalaríe por su cuenta a los obreros, para reducirlos a la condición de esclavos:
que enseñen a despreciar la manía de querer exportar lo que no existe, o lo que no se pide, o lo que no se necesita en el país:
que fomenten el comercio interior con lo que produce fácilmente cada lugar, y que hagan entender a los productores que e que no tiene lo necesario no debe pensar e sobrantes:
que piensen en ordenar y en dirigir antes de mandar:
que no permitan errar, por el gusto de quejarse del mal que traen los yerros…en fin,
que no den por imposible lo que no hayan puesto a prueba.  




Simón Rodríguez Maestro de América
RUMAZO GONZÁLEZ, Alfonso
Colección Clásica
Biblioteca Ayacucho
2005

Simón Rodríguez Inventamos o Erramos
Biblioteca Básica de Autores Venezolanos,
Monte Ávila Editores Latinoamericana
2005

domingo, 27 de marzo de 2011

Antes de Venezuela







Leo con agrado de la Colección Bicentenario que publica el Correo del Orinoco, de Venezuela, el folleto titulado “Antes de Venezuela”. Es un guión que escribe Michel Bonnefoy con ilustraciones del amigo Omar Cruz.
¿Qué nos dice en su fácil lectura?
Comienza por señalar, en el capítulo La vida antes de la devastación, que “Durante siglos se impuso la visión europea de que la historia de Venezuela –y en general, de América- habría comenzado con la llegada de Cristóbal Colón y el “descubrimiento” de un “nuevo mundo”, según los conquistadores, carente de saberes, de pensamiento propio y, por ende, de civilización.
Hay que decir acá, que ese pensamiento no ha desaparecido todavía y de allí que venezolanos y demás latinoamericanos hayan padecido en los siglos pasados y tiempos contemporáneos, la injerencia de los imperios en sus asuntos internos.
Pero el tema sigue y así, registra la reseña que” Sin embargo, cuando los españoles llegaron a usurpar estas tierras a principio de siglo XVI, aproximadamente medio millón de personas vivían en el territorio que más tarde conformaría Venezuela”.
La preservación de equilibrio
Importante los detalles que a continuación añadimos:
“Numerosas etnias de orígenes diversos coexistían en selvas, montañas y llanuras irrigadas por ríos caudalosos. La característica principal de todas ellas era su estrecha relación con la naturaleza. Su filosofía era la preservación del equilibrio entre las necesidades inherentes al desarrollo y crecimiento poblacional, con la protección de la flora y la fauna silvestre, sin las cuales desaparecerían. Muchas comunidades de la selva consideraban el transcurrir de la vida humana paralela a las plantas:

En la Tierra no había nada ni
Nadie, sólo la fuerza. Como
ésta se sentía sola, llenó
la planicie de piñas, que luego
mandó a que se abran para
dar nacimiento a los bari,
quienes lo primero que
hicieron fue construir una
casa comunal para vivir todos
juntos. La hicieron de palma
real para que sea fresca y
ovalada para recordar a las
piñas de origen. Colgaron
los chinchorros y al centro
encendieron el fuego. Después
fueron al bosque a buscar semillas.

La leyenda Bari anterior ilustra la belleza de la inocencia con la que nuestros pobladores primitivos, vivían en sus equilibrados parajes y, por supuesto, como es de suponer eran poseedores de una conciencia colectiva en función de cada una de las individualidades que hacían los diferentes colectivos, esto es, “somos todos, pero somos uno solo”, unan vivencia real que vino a padecer la agresión de imperio español.
Más adelante, este interesante y sencillo texto nos habla de que había una gran cantidad de comunidades con sus propias lenguas que vivían armoniosamente en sus ambientes, tales era los casos de “waraos en los caños de la desembocadura del río Orinoco, timotes en las montañas de los Andes, arahuaco en las planicies, caribes en la costa, wayúu en torno al lago Maracaibo, yanomami en las selvas de Amazonas, entre otros”.    
El guión de Michel Bonnefoy ilustra con facilidad esta historia nuestra que es antes de la legada de Colón y nos refiere que aquella “variedad y la extensión de esa geografía, amazónica, andina, y caribeña, determinó la diversidad cultural de los múltiples pueblos que ahí habitaban”.
Si no había necesidad, una palma no era derribada
¡Qué distantes nuestros padres habitantes de este continente sureño, de los actuales depredadores del ambiente en nuestras geografías! La narración de “Antes de Venezuela”  “Antes sigue y nos dice que “A diferencia de lo que propagaron los colonizadores europeos en su afán de aplastar lo existente en las culturas indígenas, los aborígenes de la época hacían uso de tecnologías rudimentarias para la construcción de viviendas, diques, terrazas, canales de riego, entre otras. Había comunidades nómadas, cazadores de dantas y manatíes, y había agricultores sedentarios, en particular sembradores de maíz, un cultivo que exigía complejos sistemas de regadío, con diques y embalses para controlar los ríos”.   
Además, el guionista nos dice que otros que integraban las diferentes comunidades era los que se especializaban en la recolección de conchas marinas y estaban también los pescadores, cuyos grupos se movilizaban e embarcaciones fabricadas de un solo tronco de árbol caído. Era tal la relación de equilibrio con el ambiente que “La consonancia que regía como norma  la relación que los indígenas establecían con su entorno natural no les permitía derribar una palma sin tener una necesidad. Mientras unos adecuaban el terreno montañoso a la agricultura construyendo terrazas, otros edificaban muros de piedra para ordenar los sembradíos”.
Las semillas de palma moriche que originaron la vida
El amplio y agradable encuentro que tenemos con la historia de nuestra vida primitiva, al calor de la lectura de estas amenas páginas de “Antes de Venezuela”, que debería ser leída no solo por los propios habitantes del país sino por todos los latinoamericanos, nos lleva al encuentro con una vida de equilibrio perdida en nuestro continente.
Solo nos basta recordar, en el caso de la selva brasileña, el titular “La destrucción de la Amazonia es una decisión de los empresarios, como lo refiere la Agencia Latinoamericana de Información, a través de la Web América en Movimiento, Los medios dominantes difunden la explicación que la quema y tala de la mayor selva del mundo es responsabilidad de familias pobres que tratan de sobrevivir. La verdad es que la selva amazónica es un negocio de millonarios. Ellos no van a renunciar a explotarlo y solo una revolución puede salvarla.
Y mucho más hacia el norte, en Venezuela, en fecha reciente el gobierno revolucionario puso en práctica el Plan Caura, destinado a eliminar de una vez por todas la minería ilegal en el estado Bolívar, donde ha hecho grandes afectaciones. El Plan Caura fue aplaudido por los pueblos indígenas que siempre han estado defendiéndose de la actividad de la minería. Pero lo cierto, es que la afectación de la cuenca Amazónica ha estado asaltada en todas las naciones que las comparten por la voracidad de las grandes transnacionales y las irresponsabilidades de algunos gobernantes.  
Pero una cosa es cierta, es  que la variedad de mitos y leyendas de nuestros primitivos habitantes, muestran la gran vinculación entre todos los pueblos con la naturaleza que les ha dado cobijo.
“Una sola pareja de humanos sobrevivió al diluvio. Desde una montaña dispersaron semillas de palma moriche que dieron vida alas mujeres y los hombres de planeta. La simbiosis con la naturaleza se traducía también en una gran variedad de viviendas, dependiendo del hábitat inmediato (ninguno de los aborígenes de esas tierras solía traer materiales de regiones lejanas para edificar o fabricar sus instrumentos), desde casas de piedra unifamiliares en las zonas más frías hasta churuatas colectivas de madera y palmas que agrupaban al grupo familiar extendido, sin olvidar los palafitos wayúu y waraos, viviendas comunes apoyadas sobre pilotes en lagunas y manglares en ambos extremos de esa geografía accidentada”.
Una lectura agradable, amena, un texto claro, sencillo, que se apodera de nuestra atención.  El segundo fascículo de esta serie nos ilustrará bastante acerca de la conducta imperial española: “Con Colón empezó el saqueo”.

Antes de Venezuela
Colección Bicentenario
Correo del Orinoco
Caracas-Venezuela

domingo, 27 de febrero de 2011

El Bolívar de Angostura


** El 15 de febrero de 1819 el Libertador expuso ante el Congreso, una de las piezas políticas fundamentales del ideario de Nuestra América.

Presentamos a los lectores y seguidores de pertinentes un trabajo sobre el Libertador Simón Bolívar y el discurso de Angostura, de la periodista y poeta Daniela Saidman, que debemos leer pues contribuye así a enriquecer esa historia de uno de los hombres más polémicos e importantes del mundo y gran visionario político.
                                                                                                                       Daniela Saidman
Era la Venezuela que estaba naciendo, la tierra regada de vidas que se negaban a la esclavitud y que fueron germinando libres y cálidas al calor de los siglos que vinieron después. Era esa Venezuela que es una voz más de la América Mayúscula, un candor, una esperanza, que traía entre los ruedos del vestido el rumor del Orinoco humedeciendo esa Angostura que desde entonces es hogar de las palabras que surgieron al fragor de las luchas libertarias. La voz que aún perdura se asomaba en el recinto que se alza frente a la Plaza Bolívar de esa ciudad que representa la octava estrella del tricolor nacional.
Fue un 15 de febrero de 1819 cuando un hombre, joven, apasionado, terriblemente sabio, gigante en su estatura, tronó desde lo más hondo una de las piezas políticas más profundas de ese tiempo y de todos los tiempos.
Bolívar, Simón, pronunció su discurso en el Congreso de Angostura frente a veintiséis diputados. Palabras que después fueron publicadas en el Correo del Orinoco, en las ediciones 19, 20, 21 y 22 del 20 de febrero al 13 de marzo de 1819. Largos años han pasado desde entonces, y aún este pueblo nuestroamericano, en la visión integracionista del Libertador, lucha por su segunda y definitiva independencia.
El discurso
Bolívar libró su más apasionada batalla por la unidad de la Gran Colombia, esa Patria Grande que debía estar al servicio de los pueblos e iluminada por los más hondos principios. Ese febrero de 1819, Bolívar estaba proponiendo una constitución para la naciones que confluían en su idea integracionista. Por eso, el discurso ante el Congreso de Angostura, aborda en cinco partes todo el ideario de este hombre que con su ejemplo ha trascendido las fronteras del tiempo.
En la introducción del discurso Bolívar mecido por los ires y venires de la construcción de la República, retorna el poder al Congreso. “Yo deposito en vuestras manos el mando supremo de Venezuela. Vuestro es ahora el augusto deber de consagraros a la felicidad de la República: en vuestras manos está la balanza de nuestros destinos, la medida de nuestra gloria; ellas sellarán los decretos que fijen nuestra Libertad”. A la vez que ratifica que su esfuerzo seguirá en los campos de batalla para sostener la independencia de la Patria.
El tiempo
En un segundo espacio de su pieza oratoria, Bolívar expone los hechos que impactan la Nación de esos tiempos. En un análisis crítico reflexiona sobre los aconteceres y peligros que corre la recién nacida Patria. Evalúa la amenaza de la monarquía y lo esencial de fortalecer un sistema democrático que libere tierras y hombres, conciencias y sueños, y sobre todo que haga realidad las esperanzas. “Amando lo más útil, animada de lo más justo, y aspirando a lo más perfecto al separarse Venezuela de la nación española, ha recobrado su independencia, su libertad, su igualdad, su soberanía nacional. Constituyéndose en una República Democrática, proscribió la monarquía, las distinciones, la nobleza, los fueros, los privilegios: declaró los derechos del hombre, la libertad de obrar, de pensar, de hablar y de escribir”, decía un Simón enamorado del futuro que estaban edificando juntos las mujeres y hombres de la América Nuestra.
Después de esbozar distintas formas de gobierno, Bolívar se adentra en la propuesta de Constitución para la Venezuela que cabalgaba a lomos de su historia y de las utopías que hoy, doscientos años después, empiezan a hacerse realidad.
Y en esta tercera parte de su discurso el Libertador dimensiona el perfil de las mujeres y hombres que habitan la geografía siempre verde de esta Venezuela mineral y contradictoria. Allí delinea los sentires y los tactos, los sabores, los olores, los sonidos de una tierra que es confluencia de ritmos y colores. “Tengamos presente que nuestro pueblo no es el europeo, ni el americano del Norte, que más bien es un compuesto de África y de América, que una emanación de la Europa”.
El discurso prosigue con una síntesis que narra lo hecho hasta entonces. Abolición de la esclavitud, reparto de tierras, institución de la orden de los libertadores y ratificación del voto comprometido con la decisión del patria a muerte. Así también el funcionamiento del gobierno y sus poderes, que deben necesariamente fortalecerse para sustentar la democracia. Y propone un cuarto poder, el Moral, uno que fuera capaz de darle sentido a las acciones humanas, además de enfatizar la prioridad que debe tener la educación como proyecto emancipador.
El discurso de Bolívar en Angostura es la concreción del pensamiento bolivariano, por eso su lectura es siempre una rendija abierta al tiempo que fue y al que debe ser. De su pluma y de la voz que aún impregna las paredes de la Casa del Congreso germina una Venezuela que hoy es llama encendida, fuego que alumbra los presentes que están por venir.
 El Discurso
“Volando por entre las próximas edades, mi imaginación se fija en los siglos futuros, y observando desde allá, con admiración y pasmo, la prosperidad, el esplendor, la vida que ha recibido esta vasta región, me siento arrebatado y me parece que ya la veo en el corazón del universo, extendiéndose sobre sus dilatadas costas, entre esos océanos que la naturaleza había separado, y que nuestra Patria reúne con prolongados y anchurosos canales. (...) Ya la veo comunicando sus preciosos secretos a los sabios que ignoran cuán superior es la suma de las luces a la suma de las riquezas que le ha prodigado la naturaleza. Ya la veo sentada sobre el trono de la libertad, empuñando el cetro de la justicia, coronada por la gloria, mostrar al mundo antiguo la majestad del mundo moderno.
Dignaos, Legisladores, acoger con indulgencia la profesión de mi conciencia política, los últimos votos de mi corazón y los ruegos fervorosos que a nombre del pueblo me atrevo a dirigiros. Dignaos conceder a Venezuela un gobierno eminentemente popular, eminentemente justo, eminentemente moral, que encadene la opresión, la anarquía y la culpa. Un gobierno que haga reinar la inocencia, la humanidad y la paz. Un gobierno que haga triunfar, bajo el imperio de leyes inexorables, la igualdad y la libertad. Señor, empezad vuestras funciones: yo he terminado las mías”.
Simón Bolívar

lunes, 14 de febrero de 2011

Estados Unidos, la potencia agresora





Los lectores entusiasmados con la historia deben tener la suficiente paciencia analítica para entender y apreciar los procesos y algunas similitudes o cercanías que pudieran presentarse o que son sugeridas por quienes investigan, hurgan en las más variadas fuentes. Lo anterior quiere decir, que todo debe ser leído y reflexionado con mucha atención.
Es un ejercicio bastante interesante, que tiene una relación, aparte de lo histórico, con la lógica y el sentido común. Ello viene a colación por un aspecto del enfoque del articulista Ronald Muñoz en su ensayo “El regreso de los realistas y su derrota final ante los pueblos”, donde comenta que “Para algunos, la dominación estadounidense sobre América Latina no existe, y esta idea se debe, por el contrario, de ser un hecho real, a la imaginación envidiosa de quienes mediocremente buscan un responsable externo para justificar nuestras propias desgracias”.
Tal planteamiento, ligeramente epidérmico, excluye o descarta, incluso, hasta la propia dinámica de la política de una nación poderosa y con experiencia bélica a nivel mundial y su desenvolvimiento a través del acontecer diplomático. Para el escritor, se trataría de “…una matriz de opinión desarrollada por los grandes “expertos” y “analistas” de la élite tecnócrata pro-imperial, y diseminada hacia nuestros pueblos a través de su gran red transnacional de radio, televisión y prensa escrita”.
Independientemente de lo expresado por el autor en su ensayo, hay una dinámica comunicacional hoy día contra los gobiernos progresistas de Latinoamérica, que se desprende, otra vez como hace un par de siglos, de una hegemonía imperial y nada de extraño tienen las maniobras de imperios posteriores que luego heredaron, por el dominio y control de otros.
Muñoz asiente que solo con ojear un libro de historia contemporánea nos enteramos del rol hegemónico que, desde hace mucho tiempo viene ejerciendo EE.UU. sobre el continente latinoamericano.
La herencia del carácter imperialista
“Siendo los Estados Unidos descendientes de Inglaterra, es comprensible que heredara el carácter imperialista de su madre patria”
A partir del párrafo anterior, el articulista se sumerge en el currículum de quienes tiempo después se convertirían en la potencia que es hoy Estados Unidos.
Habla de las colonias británicas que fueron al suelo de América del norte y, de la guerra de esos colonos ingleses contra las colonias francesas; posteriormente, de la agresión, en 1946, de los estadounidenses contra México, país al que le quitaron casi dos millones de kilómetros. La guerra interna que hubo en la unión de colonias donde el norte desconoció al sur y se desató una guerra terrible.
“De ahí en adelante –escribe Ronald Muñoz- la carrera belicista del imperio pseudo-democrático del norte alzaría su vuelo que aún no aterriza. En el transcurso de un siglo, los Estados Unidos ejecutaron agresiones contra Cuba, Haití, Guam, Tailandia, Japón, Nicaragua, Samoa, Chile, Yugoslavia, El Salvador, Palestina, Granada, Egipto, Panamá, Kosovo, Argentina, Irán, Honduras, Palau, Libia, Guatemala, Laos, Colombia, Corea del Norte, Somalia, República Dominicana, Islas Marianas, Sudán, Alemania, Belice, Afganistán, Irak y Venezuela”.
Añade que, en los actuales momentos, la potencia del norte es la única nación de este planeta con ejércitos y bases militares en los cinco continentes, “…es el único país del mundo que ha utilizado bombas atómicas contra la población civil y, por si fuera poco, también es el único país del mundo que ha estado involucrado de forma directa o indirecta en todas las guerras del mundo desde el año de 1945” .
En este febrero de 2011, nos encontramos con una situación de tensión entre diversas naciones, a nivel mundial, y en donde la ingerencia de Estados Unidos es amplia y dinámica.
Por lo pronto, hay, en este tiempo, una especie de tregua entre Corea del Norte y las fuerzas estadounidenses con sus militares y arsenal y situación de amenaza militar contra naciones como Irán, Somalia, Haití, Nicaragua, Bolivia, Venezuela y, la más movida en este tiempo como Egipto.

"El regreso de los realistas y su derrota final ante los pueblos"
MUÑOZ Ronald
Editorial El perro y la rana
Ministerio del Poder Poplar para la Cultura
Venezuela. 2010

martes, 1 de febrero de 2011

"El regreso de los realistas y su derrota..."



El articulista Ronald Muñoz, quien también es escritor, autor del libro “El Vaticano al descubierto”, en su ensayo publicado en 2010, que lleva por título “El regreso de los realistas y su derrota final ante los pueblos”, refiere que los venezolanos nos acostumbramos a pensar que la guerra de independencia de esta nación fue una confrontación del pueblo contra España.
“Tendemos a imaginarnos la lucha de un pueblo consciente, unido y cohesionado, que sin ningún distingo peleo contra los ejércitos invasores de una potencia extranjera. Un pueblo que entendía perfectamente el pensamiento de sus líderes. Sin embargo, esta visión obedece mucho más al imaginario colectivo que a la realidad de los hechos acontecidos en nuestro país. Lo cierto es que, inicialmente, la idea de una nación hispano-americana independiente era verdaderamente entendida por pocos, e incluso, en principio pertenecía al pensamiento visionario de hombres como Francisco de Miranda primero y, Simón Bolívar poco después. Al comienzo de la guerra, no todo el pueblo venezolano comprendía a ciencia cierta todas las implicaciones de que las colonias hispanoamericanas pudiesen constituir por si mismas una nación independiente, ajena a la Corona española”.
El interés comercial antes que un ideal
Si buena parte de los componentes de las clases económicas más acomodadas sintieron simpatía por la idea de independencia de la Corona española, fue más por el interés comercial que por un ideal colectivo de conciencia nacional”.
Ronald Muñoz, quien fue delegado por Venezuela en el Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes en el 2005, reitera que toda aquella lucha fue impulsada por parte de los blancos descendientes de los europeos y fundamentalmente por el interés económico, “…pero sostenida filosófica e ideológicamente por el pensamiento visionario de Miranda y Bolívar, a su vez, profundamente influenciado por las corrientes filosóficas de los enciclopedistas franceses y la Masonería. En cuanto a los colectivos raciales (indígenas, afro descendientes y mestizos), éstos se disgregaban entre uno y otro bando dependiendo de las circunstancias”.
Realistas: venezolanos que defendían la Corona española
Con un enfoque mucho más amplio que otras plumas descriptivas de nuestras históricas luchas independentistas, el autor del ensayo dice que las llamadas fuerzas realistas “…en su gran mayoría no eran españoles, eran venezolanos que defendían a la Corona española y esto lo hacían porque deseaban que nuestro pueblo siguiera bajo el dominio español. Es por eso que en términos de la independencia no se habla de una guerra contra el ejército español, sino contra ele ejército realista. Cuando mucho, el papel de los militares españoles en América fue dirigir los ejércitos a favor de la Corona, pero la proporción de éstos dentro del ejército realista era ampliamente minoritaria y de hecho, al final de la contienda era casi inexistente”.
Muñoz, por otra parte, al hablar del regreso de los realistas, en los capítulos V, VI y VII profundiza el tema y hasta hace una comparación entre los realistas del pasado y los del siglo XXI, incapaces para comprender el momento histórico en que viven, incluyendo a la actual iglesia católica, a la que considera que es realista por siempre.

 
El regreso de los realistas y su derrota final ante los pueblos

MUÑOZ Ronald

Colección Alfredo Maneiro

Serie: En la historia

Fundación Editorial

El perro y la rana 2010