Sociedades Americanas en 1828

La juventud americana necesita abrir los ojos sobre su situación, y los niños tienen que aprender a leer. Los jóvenes que han de reemplazar a los padres de hoy, deben pensar y escribir mejor que sus abuelos, si quieren que en América haya patria y lengua. Esto no lo conseguirán con escrúpulos, ni con burlas, ni con puntitos de erudición.
Simón Rodríguez, en Sociedades Americanas en 1828



domingo, 17 de febrero de 2013

Privilegios del poder y el dinero, desde el Vaticano






 
En un trabajo titulado “Bolívar y la Iglesia”, que escribe Jorge Mier Hoffman, nos comenta que “La sociedad caraqueña estaba inmersa en una religiosidad exacerbada, impuesta desde el Vaticano bajo el siguiente principio papal:
“Los frailes son los aliados inseparables de la oligarquía y voceros de la monarquía en el Nuevo Mundo, porque sobre la fe católica reposa la fuerza mística del rey por la gracia de Dios, de suerte que los privilegios del poder y del dinero, estaban seguros bajo la guardia del Vaticano, como fiel defensor de la monarquía europea”
Y además, Mier Hoffman (escritor de unos 15 libros sobre historia) nos recuerda que “Para el momento en que nació el futuro Libertador, Venezuela estaba sometida al imperio inexorable de la iglesia católica y a los designios del Vaticano, donde los templos, conventos y seminarios e iglesias, se construían preferentemente a los hospitales, escuelas públicas y teatros que carecía la capital de la Provincia, y de esta forma los jesuitas reclutaban los misioneros que demandaba la colonia en todo el continente…”.
Hemos apelado a estos párrafos para introducirnos en un tema bastante interesante publicado en el 2007 por el licenciado en Educación (1984), mención Teología de la Corporación Universitaria Adventista, Jonás Flores, así como también graduado en Educación en la Universidad Simón Rodríguez (1993) y Magíster en Historia de Venezuela por la Universidad de Carabobo con mención honorífica a su trabajo de grado titulado “El problema de la libertad de cultos en el período 1810-1834 y sus incidencias en la consolidación del Estado venezolano”. 
¿Qué publicó Flores?  
Con el sello de la Fundación Editorial  El perro y la rana, publicó en la colección Cada día un Libro, el tema “Postura de la Iglesia católica en el proceso de emancipación de Venezuela”, y precisamente aborda asuntos tan interesantes que no podemos obviar, como cuando comenta al final de la página 30 lo siguiente:
LA RELIGIÓN QUE HEREDÓ EL NUEVO MUNDO NO FUE LA DE JESUCRISTO
“Lamentablemente la religión heredada en el Nuevo Mundo bajo el imperialismo español no fue la religión de  Jesucristo; por cuanto  no armoniza con su carácter  las costumbres  bélicas, la violencia política, ni mucho menos el fanatismo  y la inclinación a la intolerancia o la anarquía de los terratenientes quienes despojaron a los aborígenes de sus tierras, situación lamentable que empaña profundamente a nuestra historia”.
Hoy en Venezuela sucede una situación extraña de la Iglesia ante lo que hace el Estado:
La revolución bolivariana ha rescatado tierras ilegales, abandonadas sin desarrollar y las está entregando a los campesinos además de darles insumos, equipos, orientación técnica y créditos, pero un sector de la iglesia católica no está de acuerdo con esa política y se opone a la revolución, pese a haber entregado más de 2 millones de hectáreas. Pero sigamos con el trabajo de Jonás Flores.
¿NO TENDRÍA NADA QUE VER LA IGLESIA?
Escribe nuestro autor que luego de caer la Primera República, Simón Bolívar, “desde Cartagena de Indias en 1812 en su famoso Manifiesto trata de buscar las causas de tan nefasto hecho”. Refiere que las inquietudes del guerrero llegan hasta nuestros días: ¿No tendría nada que ver la Santa Madre Iglesia? Le horroriza al libertador –sigue Jonás- la posición de la Iglesia católica incluyendo en tan valioso documento las siguientes palabras:
Es muy probable que al expirar la Península, haya una prodigiosa emigración de hombres de todas clases, y particularmente  de cardenales, arzobispos, obispos, canónigos y clérigos revolucionarios  capaces de subvertir, no sólo nuestros tiernos y lánguidos Estados, sino de envolver al Nuevo Mundo entero en una espantosa anarquía. La influencia religiosa, el imperio de la dominación civil y militar, y cuantos prestigios puedan obrar sobre el espíritu humano, serán otros tantos instrumentos que se valdrán para someter estas regiones.
Continúa en su investigación el educador Flores y considera que “Sería una falta de honestidad atribuirle sólo a la Iglesia toda la responsabilidad en la caída de la Primera República; sin embargo en el análisis de Bolívar en cuanto a las causas probables de la caída de la Primera República en este famoso manifiesto, explica en qué sentido el clero fue el responsable de este hecho.    
Seguimos en la misma publicación de Jonás Flores y en el mismo tópico de la caída de la Primera República y de esa inquietud de Simón Bolívar de averiguar, conocer sus posibles causas. No deja este autor de ignorar el terremoto del 26 de marzo de 1812 que “pudo producir una impresión desfavorable en los espíritus supersticiosos e ignorantes, quienes gracias a la influencia del clero, aseveraban que dicho terremoto era un castigo de Dios por haberse sublevado contra Fernando VII. Para mayor estigma, la destitución del capitán general Vicente Emparan había ocurrido un Jueves Santo del 19 de abril de 1810, y precisamente este terremoto ocurrió un Jueves Santo de 1812”.  
Escribe Jonás Flores, al hacer referencia a Arístides Rojas (1891) en sus Leyendas históricas de Venezuela “que los fanático bajo el dominio del clero lanzaban sus consignas diciendo: “en Jueves Santo lo hicieron, en Jueves Santo lo pagaron”. De una hoja suelta,  impresa en el taller caraqueño de Juan Baillío en abril de 1812, titulada El terremoto: ¿castigo de Dios?, dirigida a los militares de Caracas, se argumentan una serie de razones para no creer en el fanatismo popular alentado por el clero y se reflexiona de la siguiente manera:       
¿Qué rey había desconocido Caracas, cuando en el año 1641 fue destruida por otro terremoto en términos que repensó trasladar la ciudad al sitio de Sabana Grande, y vinieron de Canarias cuarenta familias lo que había despoblado aquel meteoro? ¿Qué rey había desconocido ela misma cuando el 21 de octubre de 1766 sufrió muchos estragos  por la misma causa? ¿No estaba Caracas en estas épocas humillada a los monarcas de España? Lima, Acapulco, Guatemala y otros pueblos de América, ¿no han sido también anonadados y destruidos por los temblores de tierra bajo el imperio de los reyes? ¿Lisboa no pereció con igual motivo adorando al monarca de Portugal? Pues si han perecido tantos pueblos que reconocía a los reyes, ¿cómo puede hacerse creer que e3l desconocimiento  de éstos h sido la causa del terremoto que hemos sufrido? (De una hoja suelta, impresa en el taller caraqueño de Juan Baillío en abril de 1812. Se conserva en el archivo del Libertador, volumen 68, folio3)  
VALIÉNDOSE DE LA SUPERSTICIÓN Y EL ENGAÑO
Jonás Flores narra que el anterior “extracto documental es otra evidencia de  cómo el poder político de religiosos a lo argo de los siglos, se había valido de la superstición y el engaño para cauterizar  las conciencias. El ser humano apegado por naturaleza lo trascendente, admirando lo inexplicable y lo que no se ve, ha sido víctima de cuantas fábulas, especulaciones y tradiciones inventadas por los maestros de la religión, sometiendo a ser humano a sus intereses y teorías. Y es que el terremoto de 1812  es solo un hecho aislado en la historia venezolana de cómo el clero se ha valido de estos instrumentos para preservar su infalible religión, porque pareciera que el fin justificara los medios, aunque se violen los preceptos más sagrados”.
No hay que ir muy lejos para decir que, desde entonces, la iglesia católica nada ha cambiado. Con unas cuantas variaciones se ha comportado igual en las naciones latinoamericanas y en el mundo entero. Las agresiones del clero venezolano contra la revolución bolivariana están registradas así como las crisis del Vaticano.  Hoy día renuncia un Papa y entre las razones finales, de un informe elaborado por tres cardenales, Eduardo Febres, en Página 12, escribe lo siguiente:
“El Vaticano era un nido de hienas enardecidas, un pugilato sin límites ni moral alguna donde la curia hambrienta de poder fomentaba delaciones, traiciones, zancadillas, lavado de dinero, operaciones de Inteligencia para mantener sus prerrogativas y privilegios al frente de las instituciones religiosas y financieras. Muy lejos del cielo y muy cerca de los pecados terrestres. Bajo el mandato de Benedicto XVI, el Vaticano fue uno de los Estados más oscuros del planeta. Josef Ratzinger tuvo el mérito de destapar el inmenso agujero negro de los curas pedófilos, pero no el de modernizar la Iglesia y dar vuelta la página del legado de asuntos turbios que dejó su predecesor, Juan Pablo II”.

lunes, 24 de diciembre de 2012

Acerca del Bicentenario de la independencia venezolana






Franklin González

A los lectores de pertinentes.blogspot.com les presento para su lectura, un aspecto de una interesante ponencia del sociólogo y Doctor en Ciencias Sociales Franklin González.
Nuestro académico es actual Embajador de la República  Bolivariana de Venezuela ante la República Helénica y antes tuvo el miso cargo en Polonia y  Uruguay. Es Profesor Titular de la Escuela de Estudios Internacionales de la Universidad Central de Venezuela, UCV, y ex Director de la Escuela de Estudios Internacionales de esa misma universidad.
Cuestiones de método
Hay quienes sostienen que la historia no se repite porque esta no es más que lo ocurrido en el pasado, mientras que hay quienes sostienen la tesis contraria.Para los primeros la historia no se repite porque esta per se es sui géneris, esto es, los eventos nunca se repiten de la misma forma, como lo dijo el antiguo filósofo griego Heráclito: nadie se baña dos veces en las mismas aguas de un río. Como mínimo, siempre son distintas las personalidades individuales que participan en los diversos eventos y las condiciones en que se hacen
Frente a esa encontramos la tesis del dèjá vu, la cual sostiene que aún cuando las personalidades particulares y las condiciones que rodean los diversos eventos pueden cambiar con los años, existe, sin embargo, algunos elementos comunes y paralelos que pueden encontrarse a  través de diferentes períodos en la historia (Frederic S. Pearson y J. Martin Rochester, 2000, 35).
Por nuestra parte, pensamos que la independencia de nuestro país hay que entenderla inscrita en un proceso, en un continuo histórico, esto es: un antes, un in situ y un después.
Un antes
Haití fue independizada en 1.804 del domino francés después de un largo proceso emancipador que tiene por protagonista a François Dominique Toussaint-Louverture, quien entre 1793 y 1802 dirige la revolución haitiana con sagacidad, enfrentando a españoles, ingleses y franceses, hasta su captura, destierro y muerte en Francia. Toussaint, no sólo declaró la independencia de la isla y la libertad de los esclavos sino que también instituyó los derechos del hombre como ley en la región.
Las nuevas ideas de la revolución estadounidense de 1776 y francesa de 1789 hallaron suelo fértil en Venezuela, tierra en donde la revolución independentista había sido anunciada por sublevaciones locales: el movimiento de los comuneros de Los Andes, que buscaba eliminar los impuestos de la Corona; de negros, indios, mestizos, (mulatos) en Coro, como el movimiento de José Leonardo Chirinos que intentaba lograr la libertad de los esclavos y proclamar la República en 1795 y la conspiración (¿revolución?) abortada de La Guaira en 1797, de José María España y Manuel Gual, que contó con la participación de todas las clases de la sociedad colonial.
Francisco de Miranda, por su parte, preparó todo un proyecto de Gobierno, intentó dos veces en 1806 invadir el territorio venezolano con una expedición armada originalmente en los muelles de Nueva York. Sus incursiones terminaron en fracaso.
Sin embargo, todas constituyen precedentes bien importantes de la independencia de nuestro país. Por eso hay que hablar mejor de un proceso de un independencia (Battaglini, O., 2009, 72-79).
In situ.
En Venezuela, los "criollos" estaban molestos por ciertas normas que habían impuesto los españoles, tal como lo expresó más tarde Simón Bolívar en su carta de Jamaica: "... con restricciones chocantes; tales son las prohibiciones del cultivo de frutos de Europa, el estanco de las producciones que el rey monopoliza, el impedimento de las fábricas que la misma Península no posee, los privilegios exclusivos del comercio hasta de los objetos de primera necesidad; las trabas entre provincias y provincias americanas para que no se traten, entiendan, ni negocien" (Bolívar,S.,2010, 72).
Además de estos motivos, la gota que derramó el vaso fue que los franceses, bajo el mando de Napoleón Bonaparte habían invadido a España, obligando al rey Carlos IV y a su hijo Fernando VII a renunciar al trono a favor de Napoleón, quien puso a su hermano, José Bonaparte, como rey de España.
El 19 de Abril de 1810
La independencia de Venezuela se inicia en Caracas, el 19 de Abril de 1810, cuando un grupo de criollos caraqueños aprovechó la excusa de que en España estaba mandando un francés, para convocar una reunión del cabildo y proclamar un gobierno propio hasta que Fernando VII volviera al trono de España. De esta manera Vicente Emparan fue destituido de su cargo de gobernador y Capitán General de Venezuela.
Para sustituir a Emparan se nombró un grupo con el nombre “muy hipócrita” de "Junta Suprema Conservadora de los Derechos de Fernando VII". Las primeras medidas que se tomaron fueron las de liberar el comercio exterior, prohibir el comercio de esclavos negros, crear la Sociedad Patriótica (para fomentar la agricultura y la industria), así como la Academia de Matemáticas.
Vicente  Emparan, en su informe oficial sobre estos sucesos dirá que los mantuanos caraqueños eran “hombres desleales por naturaleza, ignorantes y ambiciosos” y constituyeron la cabeza visible del movimiento político que lo desalojó del poder por estar “poseídos del espíritu de rebelión”(Ministerio del Poder Popular para la Cultura y el Centro Nacional de Historia, 2010, 77-78).
Declaración de La Independencia
El 5 de julio de 1811 el primer Congreso de Venezuela, reunido en Caracas, y formado por representantes de siete Provincias (Caracas, Cumaná, Barcelona, Margarita, Barinas, Mérida y Trujillo), proclamó oficialmente la Independencia de Venezuela. No lo hicieron las provincias de Guayana, Maracaibo y Coro.
Algunas ideas de esa Declaración fueron:


En el nombre de Dios Todopoderoso, nosotros, los representantes de las Provincias Unidas de Caracas, Cumaná, Barinas, Margarita, Barcelona, Mérida y Trujillo, que forman la Confederación americana de Venezuela en el continente meridional, reunidos en Congreso, y considerando la plena y absoluta posesión de nuestros derechos, que recobramos justa y legítimamente desde el 19 de abril de 1810, en consecuencia de la jornada de Bayona y la ocupación del trono español por la conquista y sucesión de otra nueva dinastía constituida sin nuestro consentimiento, queremos, antes de usar de los derechos de que nos tuvo privados la fuerza, por más de tres siglos, y nos ha restituido el orden político de los acontecimientos humanos, patentizar al universo las razones que han emanado de estos mismos acontecimientos y autorizan el libre uso que vamos a hacer de nuestra soberanía.
Por tanto, creyendo con todas estas razones satisfecho el respeto que debemos a las opiniones del género humano y a la dignidad de las demás naciones, en cuyo número vamos a entrar, y con cuya comunicación y amistad contamos, nosotros, los representantes de las Provincias Unidas de Venezuela, poniendo por testigo al Ser Supremo de la justicia de nuestro proceder y de la rectitud de nuestras intenciones, implorando sus divinos y celestiales auxilios, y ratificándole, en el momento en que nacemos a la dignidad, que su providencia nos restituye el deseo de vivir y morir libres, creyendo y defendiendo la santa, católica y apostólica religión de Jesucristo como el primero de nuestros deberes. Nosotros, pues, a nombre y con la voluntad y autoridad que tenemos del virtuoso pueblo de Venezuela, declaramos solemnemente al mundo que sus Provincias Unidas son, y deben ser desde hoy, de hecho y de derecho, Estados libres, soberanos e independientes y que están absueltos de toda sumisión y dependencia de la Corona de España o de los que se dicen o dijeren sus apoderados o representantes, y que como tal Estado libre e independiente tiene un pleno poder para darse la forma de gobierno que sea conforme a la voluntad general de sus pueblos, declarar la guerra, hacer la paz, formar alianzas, arreglar tratados de comercio, límites y navegación, hacer y ejecutar todos los demás actos que hacen y ejecutan las naciones libres e independientes. Y para hacer válida, firme y subsistente esta nuestra solemne declaración, damos y empeñamos mutuamente unas provincias a otras, nuestras vidas, nuestras fortunas y el sagrado de nuestro honor nacional (Por Internet, Wikepedia).
El acta de independencia fue encomendada a Juan Germán Roscio y el texto definitivo fue aprobado el 7 de julio.
El recién creado estado necesitaba una constitución, para lo cual se encargó a Francisco Javier Ustáriz, a Gabriel Ponte y a Juan Germán Roscio para que la redactaran. La primera constitución fue muy similar a la de los Estados Unidos, es decir, de tipo federalista (o descentralizada), en donde las provincias conservaban mucha autonomía y podían tener sus propias leyes. A pesar de que este sistema fue objetado por varios miembros de la Sociedad Patriótica (entre ellos Bolívar y Miranda), fue aprobado por la mayoría. Esta constitución también estuvo inspirada en las ideas francesas, respetando los derechos del hombre y dándoles a todos los habitantes el tratamiento de ciudadano, sin importar la clase social. Había nacido la Primera República.
A esta república no le faltaron las dificultades. Los que se oponían a la independencia de Venezuela, llamados los realistas, dominaban las provincias de Maracaibo, Guayana y Coro. España había ordenado el bloqueo a Venezuela, dificultando el comercio exterior, y organizó la resistencia bajo el mando del capitán Domingo Monteverde.
No obstante, debe decirse que sólo se dio una independencia política. No económica. Una independencia para los mantuanos, no para los pardos, esclavos y plebeyos. Es por ello que el grupo de los mantuanos o criollos serían los abanderados de la lucha en pro de la independencia americana, con el fin de obtener lo que "por derecho" les correspondía.
Doscientos años después
Pero pese a lo dicho, debemos celebrar ese proceso de independencia, no como una mera conmemoración, sino más bien como la materialización de nuestra concepción histórica, como la continuidad de los hechos, porque la historia no se limita a la narración de lo que ocurrió en el pasado, para nosotros, es el pasado, el presente, pero sobre todo es el futuro, por eso decimos que hay que analizarla en “tres tiempos verbales”. Celebramos los doscientos años de esos acontecimientos, para ubicar ambos sucesos en el contexto histórico y social de Venezuela y del mundo, con el contenido clasista de ambos, que marcaron la historia de nuestros países.
Pero volviendo a los inicios del Siglo XIX, no podemos olvidar que aún con el avance que significó la independencia política, ese proceso adoleció de la ausencia de las voces de quienes constituían la gran mayoría de la población de Venezuela, los pardos, los mestizos, los campesinos, los esclavos(1). Esas voces presumiblemente desoídas, fueron quizás no pronunciadas, por quienes no percibieron diferencia alguna, entre estar dominados políticamente por los españoles y pasar a ser dominados, en los mismos términos, por los mantuanos. Porque su experiencia era de subordinación permanente a éstos últimos, desde el punto de vista de las relaciones de la producción, de la explotación, del trabajo. Tan es así, que los que combatieron contra el proceso de independencia —los representantes de la corona española—, contaron en su ejército con venezolanos de estos sectores olvidados que no se identificaron con el proceso independentista (2).
De allí que insistamos en la importancia de analizar esos procesos desde el punto de vista de su composición de clase.
Esos sectores que fueron olvidados van a estar permanentemente, — con más propiedad: históricamente—, buscando su redención social, buscando su liberación, buscando su participación, su protagonismo y esa búsqueda histórica es la generadora de acontecimientos en nuestro país.
 La visión de Bolívar
Simón Bolívar, el más avanzado y versado de todos los próceres de nuestra independencia, tuvo la visión de la composición clasista de ese proceso, entendiendo que sin la participación de los olvidados, difícilmente pudiera consolidarse (3). Por eso, tempranamente, ya para 1816 en Carupano, levantará entonces la bandera de la abolición de la esclavitud, con la consiguiente contradicción y el rechazo de su clase, precisamente por provenir de una familia perteneciente a la oligarquía.
Bolívar, el Libertador de cinco repúblicas, defendió no solamente la participación social haciendo oír las voces de los pueblos, sino también entendiendo el escaso valor de las fronteras, frente al gran sentido de la conformación de la Patria Grande de la cual habló y por la cual batalló hasta sus últimos días de vida.
Prosiguió  su lucha durante toda su existencia y llegó a su muerte a los 47 años, acaso con la impresión de haber fracasado en el proyecto de la unión de nuestras repúblicas. Habiendo sido traicionado por esa clase que sentía que él la trascendía, porque estaba pensando y proponiendo un proyecto con composición social, absolutamente distinto a lo ocurrido el 19 de abril de 1810 y el 5 de julio de 1811.
Se desatan las pasiones y se ponen en marcha los pactos
Con la desaparición física de Bolívar en 1830, se desatan las pasiones, las contradicciones y las luchas en Venezuela. Se desarrolla la guerra larga, la de los 5 años o la guerra federal entre 1859 y 1863. El máximo exponente de la lucha independentista en ésta etapa fue Ezequiel Zamora, un hombre que reivindicó el pensamiento bolivariano dirigido hacia esos sectores mayoritarios pero olvidados. Pero una vez más los sectores de la oligarquía, con sus alforjas llenas, con Generales Federales convertidos en Terratenientes y con Godos haciendo lo propio, interpusieron su poder y truncaron el proceso liderado por Zamora, a través de la ejecución de un pacto de gobernabilidad entre liberales y conservadores que les aseguraba su posición durante todo el siglo XIX y hasta principios del siglo XX: el Pacto de Coche firmado el 23 de abril de 1863 (4).
Después de décadas y décadas de búsqueda de nuevos derroteros, cuantiosas las Revoluciones (Azul, Abril, Reivindicadora, Legalista, Restauradora) instauradas y derrocadas; considerables las conjuras, muchos los años de represión y miedo, diversos los victimarios, oscuras, por decir lo menos, muchas de las circunstancias que dieron pie a derrocamientos fratricidas como el de Isaías Medina Angarita y/o Rómulo Gallegos; o las huída del dictador Marcos Pérez Jiménez; sin embargo, una constante se presenció en cada uno de dichos acontecimientos: la burla cínica e indolente de una clase dirigente títere de los estamentos económicos dominantes de cada época a las grandes mayorías populares de Venezolanos que ciegamente confiaron en ellos.
Los jefes liberales y conservadores, aunque derrotados durante la dictadura de Juan Vicente Gómez, dejaron sus ideas y prácticas políticas para que otros, mutatis mutandis, se metamorfosearon bajo la forma de partidos políticos. Los dos más destacables, Acción Democrática (AD) y el Comité de Organización Política Electoral Independiente (COPEI), dirigirán nuestro país entre 1959 y 1998, también bajo otro pacto, el llamado Pacto de Punto Fijo, firmado el 31 de octubre de 1958 (5), con el contubernio de otro partido político: Unión República Democrática (URD).
De esta forma nace una democracia, la representativa, la procedimental, que en el momento mismo de su nacimiento se niega a si misma porque establece el pacto y no la disidencia, la contradicción, como su razón de ser.
Ante los deplorables resultados de las gestiones de gobierno en ese largo período (más de cuarenta años), el pueblo venezolano, que había cifrado esperanzas en los dirigentes de esos partidos políticos, comenzó a tomar conciencia. En el año 1988, producto de la experiencia del fracaso de esas políticas y del engaño, ese mismo pueblo deja de votar en un porcentaje que supera el 18%, lo que era un claro síntoma del descreimiento generado por esos acontecimientos, en un país que se colocaba hasta entonces, como ejemplo de participación electoral, por sus bajos índices de abstención (6).
Luego vino “El Caracazo” en 1989, una explosión social que se expresó en Caracas y en varios lugares del país, donde el pueblo dejó claro su descontento con los gobiernos que lo dirigían hasta ese momento. La variable social, olvidada y muy despreciada hasta entonces, insurge con tal fuerza que produce un estremecimientos en los cimientos de las estrategias de políticas económicas y del correspondiente sistema político, clientelar y bipartidista.
Después de esos sucesos la situación nacional ya no será igual. En el ambiente existía el comentario de que algo faltaba y estaba por llegar. Y ciertamente así fue. En 1992 se produce la explosión militar, el intento de golpe de Estado del entonces Tte. Coronel Hugo Chávez Frías, desconocido hasta el momento en Venezuela, que se catapulta como consecuencia de este hecho y se posiciona como referente de ese pueblo que se encontraba en la búsqueda de un líder. Los dirigentes políticos de ese momento encarcelaron a Hugo Chávez durante dos años. Cuando Chávez sale de la cárcel se dedica a recorrer el país consolidando el liderazgo logrado en la acción de 1992, para finalmente y en contra de todas las maniobras de la clase dirigente, constituirse en candidato a la presidencia.
Ese pueblo, decidido a buscar un nuevo derrotero, manifiesta su voluntad en las elecciones de 1998, eligiendo Presidente al Tte. Coronel Hugo Chávez Frías, con más del 56% de los votos, nuevamente contra la maquinaria del Estado, las maniobras y los pactos que volvieron a hacerse en esas elecciones, cuando los principales partidos –Acción Democrática y Copey- en vista de que sus candidatos individualmente no tenían posibilidad de triunfar, sin previo aviso y con el mayor desparpajo, lo echaron a un lado y optaron, en consecuencia, por hacer una nuevo pacto, en este caso con Proyecto Venezuela en la figura del candidato Henrique Salas Römer. Sin embargo, a diferencia de los Pactos de Coche y de Punto Fijo, que le funcionaron con total éxito, este pacto electoral terminó en un profundo fracaso.
La refundación de la República
En estos 13 años se ha logrado en Venezuela lo que no se había logrado en 190 años y cuando decimos que la historia es el pasado, el presente y el futuro, estamos afirmando que en este presente se está construyendo una nueva República.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Distorsiones sobre la guerra de Independencia


 

“La guerra de la independencia venezolana –incluyendo la de Gran Colombia y, por extensión, Perú y Bolivia – no fue sólo una guerra civil de independencia, ni una guerra internacional, como apuntan, han escrito y sostenido escritores, historiadores, políticos, sociólogos y militares”.
En tales términos escribió el fallecido historiador barinés, Fidel Betancourt Martínez al referirse a la independencia que lideró nuestro Libertador Simón Bolívar en nuestras tierras. A lo anterior, el historiador añadiría que “A nuestro juicio, estudio y observación, la lucha de independencia tuvo un carácter mixto, el cual se desarrolla en tres fases o caracterizaciones:
-De 1811 a 1815, tuvo carácter civil o fratricida, hasta el desembarco en Margarita del general Pablo Morillo en 1815, con tropas de la península Ibérica.
-De 1816 a 1820, fue de carácter interno intestino evidenciado  en los acontecimientos del primer gobierno de Angostura-Bogotá, el cual representa el comienzo de la destrucción de los españoles de Nueva Granada, el armisticio. Regulación y derogación de la guerra a muerte, hasta el 25-27 de noviembre de 1820 en Santa Ana de Trujillo.
-De 1821 a 1826 de carácter internacional, desde el rompimiento de las hostilidades en abril de 1821, pasando por la Batalla de Carabobo, el 24 de junio de 1821, la caída y toma de Puerto Cabello, la capitulación final del resto del poderío español en Maracaibo y Coro, últimos baluartes del poderío español en Venezuela , y de aquí hasta la Batalla de Ayacucho, el 9 de diciembre de 1824, la cual terminó con el poderío español en el sur, no obstante la heroica o inútil resistencia del comandante Rodil en El Callao, Perú, hasta el 23 de enero de 1826” .     
Tal descripción la hizo este historiador autodidacta, quien sobre su trabajo de la Historia Militar de Venezuela- dijo:
“No escribo para académicos ni para los que no necesitan por su saber, y que podrían ser mis maestros; de éstos sólo espero comprensión y equidad en sus juicios”.
Y más de su opinión:
“He escrito en silencio secreto de asceta cristiano primitivo y de unción hindú en Rajagriba; sin exhibicionismos, sin apelar a ayudas intelectuales o económicas, políticas o personales, para producir una obra libre de influencias de cualquier género, libremente, como en la ilimite llanura el potro cerril de nuestro Escudo”.
Interesante saber que este historiador no académico, como el mismo lo señaló, produjo 12 volúmenes, a lo que hay que añadirle 88 planos descriptivos de las acciones militares más importantes que describió, todo ello producido en 50 años de trabajo entre los años 1925 y 1975, todo ello barnizado por una vida altamente dinámica que transcurrió entre “revoluciones y exilio, actividad periodística e investigaciones históricas…” Este notable hombre se dedicó por entero a investigar por su cuenta, no buscó ningún tipo de ayuda, ni perteneció a partido político, sectores religiosos, descartó los compadrazgos, ni amiguismos, ni dispuso de tiempo para formalismos sociales, un hombre dedicado a la búsqueda de la verdad de nuestra historia militar.
Tropas venezolanas  en las fuerzas españolas dejadas por Morillo
Escribe Fidel Betancourt en el Tomo II (Independencia-1810-1830) que había que tener presente que para los años 1821-1823, en aquellas batallas definitivas de Carabobo y Maracaibo, “existían tropas venezolanas , veteranas, de primera línea y en cantidad, en las fuerzas españolas dejadas por Morillo; así como había granadinos realistas desde el desembarco y toma por Morillo de Cartagena y Bogotá hasta la dominación  del Virreinato en Boyacá; así como también hubo en gran cantidad hasta Junín, Ayacucho y en Alto Perú (Bolivia) tropas criollas, realistas, en las tropas españolas”.
Al referirse al carácter de la guerra, el historiador apela a otro historiador J. Gil Fortoul y refiere que en el prefación de la Historia Constitucional de Venezuela, anotaba: “Ilusión, ver en la Independencia una guerra civil, cuando evidentemente fue una guerra internacional, de la nueva nacionalidad americana. aunque todavía en formación, contra la nacionalidad (…) monarquía española”.
Por supuesto Fidel Betancourt M. no aceptó ese concepto porque para él, estaba reñido con la realidad y reiteraba que sostenía su tesis expuesta, que consideraba justa y luego añade: -En su mensaje del 2 de diciembre de 1817, el presidente Monroe dijo al Congreso americano que “la unión miraba la Guerra de Independencia no como una rebelión o una insurrección ordinaria sino como una guerra civil entre los contendientes…”. También este historiador echa mano de la Biografía del general José Félix Ribas, escrita por Juan Vicente González, quien cita al español José María Blanco White y quien habría dicho “No cesaré, no –gritaba el29 de abril de 1816-, en todas partes me hallarán diciendo lo mismo. El gobierno español es responsable a Dios y a los hombres de los horrores que están develando las Américas. La guerra civil crece y se enfurece cada día más”.
Los realistas venezolanos
Según escribe Fidel Betancourt en la Historia Militar de Venezuela, el 24 de junio de 1824, en las propias tierras de Carabobo, el ejército realista tenía “…más de 5.000 hombres y llegaba a 6.000, según otros autores”. Sin embargo en los batallones  Valencey, Infante, los regimientos del Rey y el de Guías así como en los diversos escuadrones españoles había 2 mil venezolanos.
De modo que, si el ejército realista  era de 5.000 hombres, un 40 por ciento lo formaban venezolanos y si los hombres sumaban 6.000, de ese ejército, entonces 33,3 eran venezolanos. Otro aspecto de la historia nos lo refresca el historiador, al decir que era bueno recordar que antes de que iniciara la ofensiva de los patriotas  de 1821 hacia la región carabobeña, se vinieron a las fuerzas patriotas los altamente conocidos y renombrados realistas venezolanos Remigio Ramos y Reyes Vargas, asunto que habría generado desconcierto entre los jefes militares españoles que no sabían qué hacer.
Guerra a muerte entre venezolanos
Comenta el historiador que “Se ha acusado a Bolívar de criminoso y sin objetivo favorable a la independencia por la declaratoria de la guerra a muerte; basados en que el mismo Bolívar comprendió su error luego, reconociendo que la guerra fue entre venezolanos, aún hasta 1819-1821. Las represalias eran entre criollos y pocas veces contra españoles puros o canarios. En verdad, fueron los españoles y criollos realistas los que iniciaron y fortalecieron la lucha a muerte, pasando por las armas y asesinando patriotas vencidos o familiares de éstos, desde los sucesos de Gual y España antes de 1.800, a tal punto que hombres de cultura y nobleza llegaron a extremos graves que se puede afirmar que fue esta razón y sentimiento general lo que produjo el terrible decreto  expedido en Santa Ana de Trujillo el año 13 y no obra exclusiva de Bolívar, aunque esa misma hubiese sido su opinión.              


sábado, 1 de septiembre de 2012

La visión de Bolívar sobre Estados Unidos


 
 
 
 
 
 
“Mientras Bolívar trabajaba por la unificación  de los países latinoamericanos (cosa que vio con agrado el gran Libertador del Sur, San Martín), otros laboraban, incluso algunos con descaro y alevosía y premeditación, por la desunión, tal los casos de Páez, Santander y Flores”.
Así lo expone Freddy Yépez, en su libro “El antiimperialismo e Internacionalismo de Bolívar”, publicado en el 2007 por el Consejo Nacional de la Cultura , Conac, cuando trata el tema de Bolívar y su visión sobre Estados Unidos.
Refiere seguidamente, que para nuestro héroe suramericano, “…la independencia de una nación no podía interpretarse sin la independencia de otras naciones; es decir, sin la lucha internacional y solidaria por el objetivo común, la estrategia de un mismo fin. Otros lo hacían  por el aislamiento o separación una de otras o desunidas entre sí, por fronteras nacionales que limitaran los espacios, ya que eso era lo que les garantizaba el poder individual, caudillesco y de clase sobre el resto de la sociedad en el contexto de sus límites geográficos de nación independiente”.
Sostiene en su escrito Yépez, que el genial militar había previsto en el crecimiento económico de Estados Unidos, “la formación  de un imperio para someter a su designio al resto de las naciones del continente americano. De allí su interés y lucha por la unidad latinoamericana, mientras que la dirigencia política gobernante lo hacía por la división, la desunión de nuestros países y pueblos, para así coronar su reinado imperialista. Y en América Latina no faltaban los epígonos de las autoridades gringas”.  
El macabro intervencionismo
Narra Yépez que con su perniciosa política de aparente neutralidad, el Estado gringo venía mostrando sus rasgos de ave de rapiña para ir alzándose sobre nuestra América. “En 1817 (escribe este autor) dos barcos (Tigre y Libertad) -¡qué ironía!-, de comerciantes gringos, fueron retenidos por los patriotas en Guayana cuando trataban de hacer llegar armas y otros recursos bélicos al ejército español. El gobierno de Estadios Unidos, ofendido como suele sentirse cuando le descubren su macabro intervencionismo contrarrevolucionario en los asuntos de otras naciones, no sólo exigió la devolución de las naves, sino también –prueba del descaro- indemnización por daños ocasionados a los neutrales”.
“En 1818 –siempre según Yépez-, el Libertador alertaba sobre la actitud de los mandatarios  gringos en relación con la lucha independentista de las naciones latinoamericanas. Decía:
Hablo de la conducta de Estados Unidos respecto a los independientes del Sur, y de las rigurosas leyes promulgadas con el objeto de impedir toda especie de auxilios que pudiéramos procurarnos allí. Contra la lentitud de las leyes americanas se ha visto de imponer de diez años de prisión y diez mil pesos de multa que equivale a la de la muerte, contra los virtuosos ciudadanos que quisieran proteger nuestra causa de la justicia y de la libertad, la causa de América”.  
Y más de Freddy Yépez:
Basándose  en el mismo caso de los buques  antes mencionados, Bolívar le dijo a Irvine en Angostura, que
Los ciudadanos americanos (…) olvidando lo que se debe a la fraternidad, a la amistad y a los principios liberales que seguimos, han intentado y ejecutado burlas al bloqueo y el sitio de las plazas de Guayana y Angostura, para dar armas a unos verdugos y para alimentar a unos tigres, que por tres siglos han derramado la mayor parte de la sangre americana…No son neutrales los que prestan armas y municiones de boca y de guerra a unas plazas sitiadas y legalmente bloqueadas.
La América sajona una cosa, la América Latina es otra
Nos recuerda Yépez que el Libertador Simón Bolívar argumentadamente siempre se opuso a la participación de Estados Unidos en el Congreso Anfictiónico de Panamá. El guerrero siempre consideró que había dos América, una latina y otra sajona “y se oponía a la idea de una confederación de esas Américas. Decía:
“Ni remotamente ha entrado en mi la idea de asimilar la situación y naturaleza de dos estados tan distintos como el inglés Americano y el Americano español”.
La Unidad hispanoamericana
Y más adelante este acucioso escritor  nos señala que “Contra el afán de predominio de Estados Unidos en América y como expresión antiimperialista de Bolívar, se puede tomar como ejemplo de su lucha y pensamiento aferrados hacia la conquista de la unidad hispanoamericana. El gobierno estadounidense luchaba por una confederación americana bajo la responsabilidad, control y decisión de aquel”.
El pensamiento del Libertador Bolívar –escribe Yépez- para el Congreso Anfictiónico, era de formar una unión defensiva de las repúblicas independientes contra el poderío y las estrategias del expansionismo esencialmente de Estados Unidos. Las monarquías y el absolutismo de Europa mucho habían enseñado con sus políticas perversas contra otros pueblos a través de su Santa Alianza. La consigna de Bolívar era: Somos una nación de repúblicas”.
Refiere Freddy Yépez que el estudioso de los documentos de Simón Bolívar para la justificación del Congreso Anfictiónico, sostiene que en el análisis de dichos documentos “se …evidencia que Bolívar había desarrollado la idea de la solidaridad latinoamericana formando un sistema ordenado de conceptos, que constituyó la base de la política exterior de los países de la región durante el período en que surgieron y fueron consolidándose  los estados naciones independientes de América Latina. Según él, para los países suramericanos era de vital importancia una unión asentada en los principios de la igualdad que no restringiese la soberanía nacional de los participantes o no afectaba sus normas constitucionales”.
Comenta el autor que “Bolívar consideraba que la unidad latinoamericana permitiría el poder actuar concertadamente en condición de respeto y de igualdad frente a Inglaterra, Francia, Rusia, Estados Unidos, quienes para entonces tenían gran parte de la supremacía en el contexto de las relaciones internacionales. Bolívar pensaba que solamente unidos nuestros países se podía enfrentar a la llamada Santa Alianza, en caso de que ésta decidiera actuar en contra de las libertades de nuestras naciones”.
Los acontecimientos conocidos por toda la población de Latinoamérica en torno a las actuaciones de Estados Unidos en Grenada, Panamá, contra Cuba, las bases militares en Colombia, la actitud de los ingleses contra Argentina y Ecuador y la presunta o real  penetración por Uruguay, Paraguay, Argentina y Brasil, no hacen más que confirmar que el Libertador de América, Simón Bolívar, siempre tuvo y tiene la razón.

martes, 31 de julio de 2012

El Bolívar de América


 
Imagen de Simón Bolívar digitalizada a partir de la reconstrucción facial de sus restos

 
  De la pluma de la poetisa Daniela Sadman traemos a Pertinentes, un estupendo enfoque sobre un aspecto de ese ser tan especial (estadista, guerrero, visionario, político y más) que fue Simón Bolívar, como fue el hombre dueño de una poesía de la vida.  
 
 
 
Entre discursos, proclamas y versos
 
** El prócer de la Independencia, el amoroso Quijote de los sueños todos, el que hizo del pasado el futuro necesario, fue también un poeta.
                                                                       
 
Daniela Saidman

De lejos parecía que la pluma dibujaba garabatos. Vistos de cerca los trazos eran letras y éstas formaban palabras, oraciones, párrafos, textos enteros. La visión de América emergía de esas manos que trastocaban el tintero en sangre, en pulso y pensamiento, en amorosa razón liberadora. Allí estaba él, apenas alumbrado por una vela, que todo a su alrededor convertía en fantasmas y en sombras. En cambio su palabra iluminaba el futuro. Manuela era una presencia que lo acompañaba de lejos y le soplaba al oído las caricias que a distancia lo hacían levantar por un instante los ojos del papel y tal vez, tal vez un suspiro se colaba entre sus labios.
 
Banderas de sueños
Simón Bolívar (Caracas, 24 de julio de 1783 - Santa Marta, República de Colombia, 17 de diciembre de 1830), el prócer de la Independencia, el amoroso Quijote de los sueños todos, el que supo darse a la vida por la vida misma, el que hizo del pasado el futuro necesario, el que se sembró entero en la memoria de esta América, que con largas piernas y hondo aliento, nos cobija y nos nombra, fue también poeta.

Cada uno de sus textos son piezas que nos hablan de su pensamiento emancipador, de su hechura de ser humano trascendente y divinamente humano.

En sus palabras está él y estamos nosotros, las mujeres y hombres que tomamos sus banderas de sueños para izar utopías y vivirlas hechas realidad en este siglo XXI signado por esperanzas y pueblos.
 
Discursos como versos
Como canta nuestro padre cantor, Alí Primera, Bolívar es el amigo que vibra en el presente nuestroamericano, porque “Bolívar, bolivariano, no es un pensamiento muerto, ni mucho menos un santo para prenderle una vela”.

Sus discursos, cartas y proclamas están colmadas de su vida. Y leyéndolas tanto tiempo después es imposible no imaginar a ese Simón que se sienta a escribir como soñando los mañanas que laten en las ganas y en los ojos del niño que juega pelota en cualquier barrio de Caracas o de Quito, en la madre que amamanta a su hija cantándole el Gloria al Bravo Pueblo o a la maestra que enseña historia y se sigue conmoviendo después de años de ejercicio docente por el Discurso de Angostura. Ese es nuestro Bolívar el que compra la leche y el pan, el que celebramos en cada fiesta patria, el que sirve de consuelo a las palomas en las plazas, el que ondea en la octava estrella de nuestra bandera y el que nos dice presente en el proyecto de país que respaldamos la mayoría de las mujeres y hombres de esta Venezuela que también lleva su nombre.

“Yo he sido el soldado de la beldad, porque he combatido por la Libertad, que es bella, hechicera y lleva la dicha al seno de la hermosura donde se abrigan las flores de la vida”, le dijo el joven Simón a una señoras peruanas, un 13 de agosto de 1826.
Y es que todo lo humano vive aún en ese hombre que se regó fecundo sobre la tierra, que germinó hecho millones, hecho viento, canto, fuego, himno. Bolívar es la palabra libertaria, el pensamiento convertido en acción, la trinchera armada de pensamientos y flores que sigue siendo, que seguirá siendo siempre, lumbre y estandarte.
 
El tiempo
“Venga usted al Chimborazo; profane usted con su planta atrevida la escala de los titanes, la corona de la tierra, la almena inexpugnable del Universo nuevo. Desde tan alto, tenderá usted la vista; y al observar el cielo y la tierra, admirando el pasmo de la creación terrena, podía decir: dos eternidades me contemplan: la pasada y la que viene; y este trono de la Naturaleza, idéntico a su autor, será tan duradero, indestructible y eterno como el Padre del Universo”, le escribió Bolívar a su maestro Don Simón Rodríguez, el 19 de enero de 1824. Precisamente esa visión de la tierra, su conmoción ante lo inmenso de la naturaleza y el ser humano, dan muestras de su sensibilidad, de la magia con que pudo ver el mundo y el paso de los hombres por el.

Y es que hay un Bolívar más grande y hermoso, más humano, más próximo, más prójimo, que el brillante estadista y militar. Porque Bolívar fue eso, pero sobre todo fue y seguirá siendo un hombre, inmenso en lo pequeño, frágil, leve, enamorado, libre, tierno, un hombre pues, en el que vivieron y viven todas las humanas pasiones y todos los sueños. Tal vez por eso pudo entregarse íntegro, valiente y eterno, a la vida que vive hoy, a la vida que seguimos nosotros edificando juntos y juntas, para las hijas e hijos que vendrán.
 
 
 
Canto a Bolívar (fragmento)
Pablo Neruda
“Pero hacia la esperanza nos conduce tu sombra,
el laurel y la luz de tu ejército rojo
a través de la noche de América con tu mirada mira.
Tus ojos que vigilan más allá de los mares,
más allá de los pueblos oprimidos y heridos,
más allá de las negras ciudades incendiadas,
tu voz nace de nuevo, tu mano otra vez nace:
tu ejército defiende las banderas sagradas:
la Libertad sacude las campanas sangrientas,
y un sonido terrible de dolores precede
la aurora enrojecida por la sangre del hombre.
Libertador, un mundo de paz nació en tus brazos.
La paz, el pan, el trigo de tu sangre nacieron,
de nuestra joven sangre venida de tu sangre
saldrán paz, pan y trigo para el mundo que haremos.
Yo conocí a Bolívar una mañana larga,
en Madrid, en la boca del Quinto Regimiento,
Padre, le dije, eres o no eres o quién eres?
Y mirando el Cuartel de la Montaña, dijo:
Despierto cada cien años cuando despierta el pueblo”.
 
 

Carta al Dr. Unanúe, Presidente del Perú. 25 de noviembre de 1825
Simón Bolívar 
 
“Nuestras repúblicas se ligarán de tal modo, que no parezcan en calidad de naciones sino de hermanas, unidas por todos los vínculos que nos han estrechado en los siglos pasados, con la diferencia de que entonces obedecían a una sola tiranía, y ahora vamos a abrazar una misma libertad con leyes diferentes y aun Gobiernos diversos; pues cada pueblo será libre a su modo y disfrutará de su soberanía según la voluntad de su conciencia”.
 

 
 
 
 
 
 

martes, 24 de julio de 2012

Latinoamérica, la tierra de la herencia mágica



 
Margen de río Orinoco, lugar de los otomacos
Algunos latinoamericanos parecieran querer desentenderse de su ADN indígena, y sueñan de modo permanente codearse con los anglosajones y europeos, en la creencia de que les harán creer a los demás que ellos son unos blancos maravillosos, ignorando que hay toda una gran historia muy rica, constructiva y evolutiva como ninguna otra, que viene desde los primeros pobladores de este continente sureño.
En Latinoamérica y, particularmente de la región caribeña, ha nacido y corrido en la historia esa esencia que habla de los indios caribes, de su gran ímpetu batallador, de su fiereza, de su esencia indómita demostrada ante el imperio español.
Muy cierto.
Pero los indios caribes no fueron los únicos que poblaron gran parte de la zona norte de nuestro continente. Cuando revisamos ese libro maravilloso que escribió el profesor José Manuel Hermoso, de la Cátedra de Historia de Venezuela, de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Carabobo, que lleva por título “Pueblo Protagónico” (1498-1798), Historia de las luchas sociales y políticas del pueblo venezolano, alcanzamos una identificación plena con aquellos primeros pobladores de nuestra América del Sur.
El historiador Hermoso nos actualiza y nos dice que los antiguos cazadores que se encontraban en las estepas siberianas, “…pasaron al continente americano  desde el territorio de lo que posteriormente sería la Unión Soviética atravesando el estrecho de Behring, convirtiéndose así en los verdaderos descubridores  y primeros pobladores de estas tierras”.
Eso habría ocurrido entre 15 y 12 mil años atrás.
Antes de que toda la piratería y criminalidad española, anglosajona, holandesa, portuguesa y francesa se dejara caer por nuestras tierras, los latinoamericanos hemos tenido una historia de mucho mayor valor y por eso somos diferentes, nuestra ética de vida siempre ha sido distinta.
En este marco histórico, por ejemplo, haré referencia a lo que escribe el profesor Hermoso en su libro Pueblo Protagónico, cuando nos habla de los indios Otomacos.
La impresión que tengo es que pocos saben que los indios otomacos, poblaron nuestro territorio. Veamos lo que escribe el catedrático de la Universidad de Carabobo:
“En las riberas de las márgenes  derechas  -lado norte del río Orinoco- habitaban las tribus de los terribles guerreros conocidos como los otomacos, jurados e implacables enemigos de los caribes durante mucho tiempo.  Los otomacos solo dejaron de enfrentarse  a los caribes a partir del momento  en que éstos comenzaron a usar armas de fuego adquiridas de los holandeses”.
Otomacos: Nunca retrocedían
Y registro más de los otomacos, del libro del catedrático de la Universidad de Carabobo:
“Conocidos por su temeraria agresividad, pues nunca retrocedían durante la batalla para la cual se preparaban consumiendo una yerba muy estimulante llamada yupa que los enardecía envalentonándolos en extremo. No satisfechos con ello, se enfurecían aún más auto agrediéndose. Se producían heridas en todo el cuerpo y se lanzaban a la batalla manchados de sangre, con la ferocidad de tigres hambrientos o de perros rabiosos”.
 Luego el historiador nos narra más de los otomacos, al decirnos que “Por esta preparación para el combate y por su ferocidad lograron expulsar a los caribes, a quienes en un primer momento habían recibido  muy amistosamente en sus territorios, hasta que se enteraron que eran muy crueles caníbales que devoraban a sus prisioneros y esclavizaban a mujeres y niños”.
Fieros guerreros
Y más adelante sigue:
“Por esta preparación para el combate y por su ferocidad lograron expulsar a los caribes, a quienes  en un primer momento habían recibido muy amistosamente, hasta que se enteraron que eran muy crueles caníbales que devoraban  a sus prisioneros y esclavizaban  a mujeres y niños. A partir de esa circunstancia y como consecuencia del conflicto, los otomacos se convirtieron  en fieros guerreros y en permanentes e implacables enemigos de los caribes. Su grito de guerra era: ¡Si no eres valiente te devorarán los caribes!
“Las mujeres de los otomacos participaban  en las batallas realizando labores de apoyo, tales como recoger las flechas lanzadas por los adversarios y ponerlas a disposición de sus combatientes. Como muchas otras tribus del territorio venezolano, vivían en comunidad, repartiéndose en perfecta igualdad los productos  del trabajo (cosecha, caza y pesca). Las labores también eran colectivas y organizadas por turnos. Unos trabajaban mientras otros descansaban”.
La herencia Latinoamérica
No se puede desconocer lo que está asentado en nuestro ADN. Tenemos una herencia de cientos y miles de años que permanece con nosotros y que nos induce  a diseñar una historia completamente diferente al resto del mundo. Como señaló el Libertador Simón Bolívar somos diferentes, no somos blancos, ni negros, ni indios,  somos una mezcla maravillosa, que algunos han calificado de mágica y, en consecuencia, nuestra manera de vivir es distinta, nuestro modelo de vida es diferente. 
Latinoamérica es, si se quiere, el continente de la esperanza.