Sociedades Americanas en 1828

La juventud americana necesita abrir los ojos sobre su situación, y los niños tienen que aprender a leer. Los jóvenes que han de reemplazar a los padres de hoy, deben pensar y escribir mejor que sus abuelos, si quieren que en América haya patria y lengua. Esto no lo conseguirán con escrúpulos, ni con burlas, ni con puntitos de erudición.
Simón Rodríguez, en Sociedades Americanas en 1828



lunes, 12 de febrero de 2018

Redentor de los hijos del Sol









                                                                                  El Mariscal Antonio José de Sucre fue un modelo de conducta como el que deben exhibir todos los latinoamericanos este siglo XXI, con visión de patria, fuerza, coraje, inteligencia, lealtad, obediencia, respeto y una gran sabiduría para actuar con diplomacia.




Los venezolanos y demás latinoamericanos tienen varios modelos de conducta que en ocasiones olvidan seguir -si es que se acuerdan- y, precisamente por eso, han estado cayendo en dificultades en el desarrollo de sus vidas desde hace muchas décadas, digamos mejor, un par de siglos.
Quizá uno de los grandes modelos en el mundo es el Libertador Simón Bolívar, que emprendió un camino hacia la independencia del país que lo vió nacer y del continente que soño con libertad para sus habitantes y junto al guerrero y visionario andaban Antonio José de Sucre, José Félix Ribas, Carlos Soublette, Santiago Mariño, José Antonio Páez (quien lo tracionaría después), Francisco Bermúdez, Jacinto Lara, José Laurencio Silva, Ambrosio Plaza, José Antonio Anzoátegui, Diego Ibara, Daniel O´Leary y otros conocidos guerreros como Juan Bautista Arismendi y otras notables actuaciones a favor de la revolución de independencia, como la de Luisa Cáceres de Arismendi.
Pero, seamos claros, antes de Bolívar muchos de los nacidos en esta tierra, como el caso de Francisco de Miranda, padecieron al enfrentar con sus vidas y talentos la política y desmanes de los españoles. Aquí, hay que incluir los no meos sonados casos de Pedro Gual, José María España, el zambo José Leonardo Chirino y sus acompañanentes en esas jornadas de protesta y conspíración contra quienes se creyeron dueños de la América del Sur.
Lo importante en todo estos hombres y mujeres (algunas muy poco conocidas ni prmovidas como el caso de Josefa Joaquina Sánchez, quien promovió mucho la conspiración de su marido José María España y hasta elaboró la bandera del movimiento revolucionartio), siempre fue su modelo de conducta ejemplar, dirigido con una gran coherencia hacia la libertad de su pueblo.
Un modelo sublime para los latinoamericanos 
Después del Libertador Simón Bolívar, quien supo ejemplarizar la lealtad, la obediencia, el coraje, la amistad, el respeto y la estrategia militar fue el general Antonio José de Sucre, quien más adelante seria designado como el Gran Marical de Ayacucho.            
Según escribió el abogado, poeta, novelista, historiador y diplomático Mario Briceño Iragory, en la publicación Lecturas venezolanas, incluyó en ese trabajo un párrafo de una carta de Bolívar a Sucre, fechada en Lima el 21 de febrero de 1825 y en ella, así se refirió el Libertador del joven militar:
"Usted créame, general, nadie ama la gloria tanto como yo. Jamás un jefe ha tributado más gloria a un subalterno.Ahora mismo se está imprimiendo una relación de la vida de usted hecha por mí; cumpliendo con mi conciencia . Le doy a usted cuanto merece. Esto lo digo para que vea que soy justo: desapruebo mucho lo que no me parece bien, al mismo tiempó que admito lo que es sublime". 
Sucre y el despliegue de talento superior
 Según Briceño Iragory el Libertador Bolívar dejó al general Sucre encargado de la campaña y en la misma, el cumanés "...desplegó todos los talentos superiors que lo han conducido  a obtener la más brillante campaña de cuantas forma la gloria de los hijos del Nuevo Mundo. La marcha del ejército  unido desde la provincia de Cochabamba hasta Huamanga es una operación insigne, comparable quizá  a la más grande que presenta la historia militar. Nuestro ejército era inferior en mitad al enemigo, que poseía  infinitas ventajas materiales sobre  el nustro. Nosotros nos veíamos forzados a desfilar  sobre riscos, gargantas, ríos, cumbres, abismos , siempre en presencia de un ejército enemigo y siempre superior. Esta corta pero terible campaña tiene un mérito que todavía no es bien conocido en su ejecución: ella merece un César que la describa". 
Narra el escritor que  "La batalla de Ayacucho es la cumbre de la gloria americana, y la obra del general Sucre. La disposición de ella ha sido perfecta y su ejecución divina. Maniobras hábiles y prontas desbarataron en una hora a los vencedores de catorce años, y a un enemigo perfectamente constituído y hábilmente mandado. Ayacucho es la desesperación de nuesros enemigos. Ayacucho, semejante a Waterloo, que decidió del destino de la Europa, ha fijado la suerte de las naciones americanas. Las generaciones venideras esperan la victoria de Ayacucho para bendecirla y contemplarla  sentda en el trono dela libertad, dictando a los americanos el ejercicio de sus derechos y el imperio sagrado de la Naturaleza.
El general Sucre es el padre de Ayacucho, es el redentor de los hijos del Sol, es el que ha roto las cadenas con que envolvió Pizarro  el imperio de los Incas. La posteridad representará a Sucre  con un pie en el Pichincha  y el otro en el Pootosí, llevando en sus manos la cuna de Manco-Capac y contemplando las cadenas del Perú , rotas por su espada.
           
                                                                          Lima, 1825

No hay comentarios: