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Nada sencillo el liderar a otros. |
“Dignaos
conceder a Venezuela un gobierno eminentemente popular, eminentemente justo,
eminentemente moral, que encadene la opresión, la anarquía y la culpa. Un
gobierno que haga reinar la inocencia, la humanidad y la paz. Un gobierno que
haga triunfar, bajo el imperio de leyes inexorables, la igualdad y la
libertad”.
El Libertador Simón
Bolívar fue y es mucho más que un guerrero para venezolanos, latinoamericanos y
el propio planeta; será siempre un Maestro para quienes aspiren ser líderes en
Venezuela y otras naciones y seguir sus pasos es una tarea altamente complicada
y porque aparte de sus cualidades tenía dentro de su ser espiritual una imagen
del futuro que contados seres han tenido.
La visión del
caraqueño, admirado por amigos y también por rivales, dota a los aspirantes y a
los líderes actuales de este continente de sabios consejos políticos como esa
idea que expresó en su discurso de Angostura del 15 de febrero de 1819 y con la
que iniciamos este artículo.
Un gobierno como lo
expuso el Libertador en Angostura, pudiera decirse, que se trata de algo ideal,
de una perfección inimaginable y de una profunda sabiduría e indulgencia
humana.
No creo que exista
otro planteamiento más honesto para quienes sueñen con ser líderes en su nación
que poder luchar por un gobierno eminentemente popular, justo y moral, capaz de
encadenar la opresión, la anarquía y la culpa, donde imperen la igualdad y la
libertad y precisamente en esta época, en la que abundan supuestos líderes enfermos
por alcanzar y arrebatarle a los pueblos no solo el dinero sino el poder político.
Alguien que muestre compromiso
¿Qué piensa un
aspirante a líder al tener frente a si a miles de personas que esperan sus
palabras? ¿Escuchar promesas vacías sin argumentos válidos? ¿Lugares comunes en
su discurso?
¡Definitivamente
no! Las personas o al menos los venezolanos quieren escuchar a alguien que
muestre un verdadero compromiso, un sentimiento de solidaridad, de igualdad, de
respeto, que hable con claridad, cuyas palabras estén vestidas con un manto de
verdad.
El aspirante a
líder, valga señalar, no puede ocultarse en la soledad de una oficina, esconderse
en una montaña como tampoco depender exclusivamente de quienes le asesoran. Debe, eso sí, trabajar en equipo
y lograr que todos quienes le acompañan formen parte de los proyectos dirigidos
hacia la población que lidera.
Los líderes o
aspirantes a serlo deben sepultar la lisonja que siempre anda cerca de ellos;
apartarse ligeramente del nepotismo, que todos sabemos es una preferencia por
colocar a los familiares alrededor de sus actividades, asunto muy criticado y,
de paso, hacen ver muy mal parados a dirigente.
Es interesante dejar claro acá, que el Libertador no fue muy dado a
tener cerca a sus familiares y a incluirlos en el gobierno, el que estuvo más
cerca fue su primo Diego Ibarra, su primer Edecán. Por cierto, llegó a ser
general, pero no precisamente ascendido por Simón Bolívar, sino por el gobierno
del Perú.
Tampoco debe ser un
individuo que avasalle a los demás, por el contrario, debe ser altamente
equilibrado de manera que pueda emitir siempre un juicio equilibrado, prístino.
Una persona desprendida
Pero además, ese
juicio equilibrado debe tenerlo siempre presente para poder valorar a quienes
están a su lado y que asoman sus pareceres como si se trataran de verdades
absolutas. Es quizás este punto del juicio, junto con los momentos de reflexión,
dos de los más controvertidos aspectos que enfrentan quienes asumen las conductas
de líderes.
Un líder debe ser
un hombre no solo equilibrado, sino desprendido del bien material y estar
completamente casado, identificado con la idea de alcanzar siempre la meta que
lo conduce en la ruta del poder político, como es perseguir y asir ese logro
solidario como es el bienestar
colectivo.
Las personas
quieren tener siempre un líder que los oriente, que se identifique con su
sentir, que se preocupe por sus problemas, que tenga capacidad para entender
los sentimientos que invaden a las personas, que muestre su devoción por la
actividad laboral, por el trabajo, que
acuda a todos los lugares donde se encuentren las personas, estar cerca de los dirigidos.
¡Definitivamente no es fácil ser líder!
Pedro Estacio