¿Podrá ministro del ecosocialismo controlar
el desequilibrado ambiente de los vecinos?
Pedro Estacio
Quizá sea el ministro del Ecosocialismo Ricardo Molina, quien le ponga realmente interés al muy descontrolado ambiente en el que vivimos, comenzando por el respeto a una forma de vivir de todos los vecinos, la que debería ser mas armoniosa, equilibrada, consciente, ajustada a las normas de un comportamiento justo y que, por lo general, debería ser abrigada legalmente.
El primero de esos problemas que he vivido fue la eliminación del servicio de recolección de desechos domésticos de la Urbanización Obrera Municipal Lídice, de la parroquia La Pastora y la colocación de envases metálicos conocidos como contenedores, a pocos metros de la escuela “José Luis Ramos”. Ello fue planteado al para entonces Alcalde Freddy Bernal el 20 de febrero de 2001. Una larga lucha obligó a mover los contenedores y ya llevan años en El Manicomio, cerca de la parada de Metrobus y la escuela “Juan Bautista Alberdi”.
De la pequeña bonanza que ha generado la carencia de un servicio tecnológicamente adecuado con rutas y horarios bien establecidos al igual que la ausencia de barrido mecánico de nuestras calles, que siempre están sucias, tenemos en algunos sectores entonces lo que ha denunciado el ministro Diosdado Cabello, de gente que duerme en las calles, algunos en los alrededores de los contenedores en donde hurgan cada día en ellos y así viven.
A lo anterior le agregamos, dado que no hay limpieza de las calles, que ante la ausencia de recolección de desechos, algunos vecinos no caminan hasta la pequeña bonanza que está en El Manicomio, sino que pagan a menesterosos para que lleven los desechos a los contenedores, pero estos cobran y lanzan las bolsas con desechos en las calles.
Es importante señalar, ministro Molina, que en 2001 (hace 24 años) le fue planteado al alcalde Freddy Bernal, que convirtiera a la Urbanización Obrera Municipal Lídice en centro piloto de un programa de reducción de desechos sólidos municipales, basado en la separación de los desechos sólidos en fuente y su respectiva recolección selectiva para que mejorara el servicio y contribuyera fundamentalmente al mantenimiento de la salud pública de la urbanización.
De los desechos sólidos, vamos a otro asunto bastante sólido como es la expansión de una de las grandes molestias que reciben los vecinos, como la exposición a un gigantesco impacto del sonido en sus vidas, pues, independientemente de que a todos los ciudadanos o a una gran mayoría le encanta la música, no es menos cierto que el alto volumen que algunos les imprimen a sus equipos de sonido rompen la armonía en los hogares, no dejan conversar a las personas en sus casas y tampoco dejan dormir a nadie.
A todas estas, no hemos tenido conocimiento de que alguna autoridad al menos respete y haga cumplir las Normas de Convivencia Ciudadana y Paz que aprobó el Concejo Municipal caraqueño el año pasado. Y no existe certeza alguna en torno a quien corresponde solucionar el problema. Algunos dicen que toca a la policía, otros piensan que debe ser la Guardia Nacional quien debe asumir ese problema del alto volumen de la música y otros piensan que es un asunto de los consejos comunales y últimamente aseguran que eso corresponde a los nuevos Jueces de Paz. ¿Dónde reside la verdad?
Un asunto mas tiene que ver con la necesidad o no de los denominados policías acostados; muchos ciudadanos consideran que esos promontorios de cemento en las calles son un freno a la velocidad en la que andan los motorizados mientras los conductores de autos y unidades de transporte no comparten la idea. No conocemos por allí a un experto que, luego de un análisis certero, hable sobre las bondades o daños del ruido alto que producen algunas motos.
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