Sociedades Americanas en 1828

La juventud americana necesita abrir los ojos sobre su situación, y los niños tienen que aprender a leer. Los jóvenes que han de reemplazar a los padres de hoy, deben pensar y escribir mejor que sus abuelos, si quieren que en América haya patria y lengua. Esto no lo conseguirán con escrúpulos, ni con burlas, ni con puntitos de erudición.
Simón Rodríguez, en Sociedades Americanas en 1828



viernes, 15 de mayo de 2009

Argentina, aunque lejos, "Venezuela no os perderá de vista"


Las actuaciones y demás expresiones de las relaciones entre Argentina y Venezuela, tan distantes como las letras del abecedario pero más cercanas de lo que nadie se puede imaginar, no son muestras de este siglo XXI.
La relación entre Argentina y Venezuela es de una data muy interesante, prácticamente increíble pero profunda en el tiempo, aunque desconocida para unos cuantos.
Escribimos, en estas líneas, sobre la proclama que hace el Libertador Simón Bolívar a los habitantes del Río de la Plata, desde Angostura, en 1918, en la que reafirma la idea de la unidad del continente y que registra la Colección Claves de América, de la Biblioteca Ayacucho, con el nombre Para nosotros la Patria es América.Simón Bolívar, texto en torno al cual siempre estaremos escribiendo, dado su importante contenido.
La proclama la inicia el Libertador en los siguientes términos:
“¡Habitantes del Río de la Plata!
VUESTROS HERMANOS DE VENEZUELA han seguido con vosotros la gloriosa carrera que desde el 19 de abril de 1810 ha hecho recobrar a la América la existencia política de la que la habían privado los tiranos de España. Venezuela ha visto con gozo y admiración vuestra sabia reforma, vuestra gloria militar y vuestra felicidad pública. Ella no ha podido lisonjearse de haberos igualado en fortuna; pero si en los principios y en el objeto. En todo hemos sido iguales. Sólo la fatalidad, anexa a Venezuela, la ha hecho sucumbir dos veces, y su tercer período se disputa con un encarnizamiento de que únicamente nuestra historia suministra ejemplo. Ocho años de combates, de sacrificios y de ruinas han dado a nuestra patria el derecho de igualarse a la vuestra, aunque infinitamente más espléndida y dichosa.
La sabiduría del Gobierno del Río de la Plata en todos los departamentos de su administración, sus transacciones políticas con las naciones extranjeras y el poder de sus armas en el fondo del Perú y en la región de Chile, son ejemplos elocuentes que persuadirán a los pueblos de la América a seguir la noble senda del honor y libertad. Venezuela, aunque de lejos, no os perderá de vista.
¡ Habitantes del Río de la Plata! La república de Venezuela, aunque cubierta de luto, os ofrece su hermandad; y cuando cubierta de laureles haya extinguido los últimos tiranos que profanan su suelo, entonces os convidará a una sola sociedad, para que nuestra divisa sea unidad en la América Meridional”.
Lo anterior es la Proclama que hace Simón Bolívar desde el Cuartel General de Angostura, en junio de 1818.
Lo que está en este texto es realmente increíble, porque nos muestra a un Simón Bolívar visionario, menos quijotesco de lo que decía el español y muy
Venezolanista después, Pedro Grases. No es rechazable la opinión de Grases, tanto como la del profundo Unamuno, pero ajustando los tiempos en ese extraño reloj que se han creado los humanos, ese luchador tuvo tanta visión como fue igual en Francisco de Miranda.
Hijos de aquellos que vinieron en plan de conquistar y que se adueñaron a sangre y fuego de la América, que fue llamada después, los que nacieron en este continente, lo sintieron como su patria, muy distante de un poder ajeno a quienes vivían y sufrían este sur y luego con corazones americanos dejaron a un lado la obediencia a lo que en un tiempo consideraron el amor a la madre patria. Ellos y nosotros actuales, somos la nueva raza.

jueves, 14 de mayo de 2009

Bolívar quijote,pero también profundamente visionario


De la guerra de independencia conocemos lo que algunos textos nos dicen y, por supuesto, debe ser así; debemos creer en los libros aunque también estamos obligados a apreciar el mayor número posible de exposiciones sobre la guerra independentista y sobre aquellos hombres que hicieron posible tan gigantesca hazaña esa, de liberar a un continente, como el caso de la América de Bolívar.
En los “Escritos Selectos”, del profesor de Letras Pedro Grases, publicado por la Biblioteca Ayacucho (1989), con presentación de Arturo Uslar Pietri, destacado intelectual venezolano, hay un trabajo en el cual, el investigador español Grases habla del quijotismo bolivariano.
En su opinión, “Acaso el rasgo que identifica más hondamente la personalidad de Bolívar a las esencias del carácter hispano, sea su quijotismo. Así lo entendió también Unamuno en la sagaz interpretación que hizo del Libertador suramericano en su espléndido ensayo ”Don quijote, Bolívar”. Por supuesto, Pedro Grases antes deja claro que nadie puede regatear el símbolo de hispanidad que tiene ese personaje de Cervantes.
“Si pensamos en la acción bolivariana realizada como concreción de un sueño de visionario, llegaremos a la conclusión de que es perfecta la equivalencia Don Quijote-Bolívar. Podrían aducirse multitud de referencias para probar este aserto, particularmente en las circunstancias adversas que sólo pudo superar por la fuerza de su propósito. “Hombre de las dificultades”, se llamó a si mismo, pero lo magnífico y aleccionador es que surgía fortalecido como hombre, igual que Alonso Quijano, al vencer los obstáculos a base de su genial convencimiento. Siempre me ha parecido como índice de este quijotismo lo que le acontece a Bolívar en 1819, cuando tenía 36 años y se hallaba a la cabeza de un estado inexistente, ilusorio, a orillas del Orinoco, con el único apoyo de de las soledades que rodeaban la ciudad de Angostura(hoy Ciudad Bolívar). Sin dominio territorial, pues casi la totalidad de Venezuela estaba en posesión de las armas españolas al mando del General Pablo Morillo, convoca Bolívar un Congreso para organizar la República”.
Para Grases, el Libertador tenía un poder precario para entonces y el apoyo que la naturaleza le prestaba con sus desérticas inmensidades, pero pese a ello, Bolívar dicta decretos, nombra ministros, crea el Correo del Orinoco, vocero de la doctrina emancipadora y de las noticias de un Gobierno que apenas era un proyecto.
“Sin soporte territorial; con un ejército en formación; con escasos reclutas; sin cuadros de administración; con el horizonte lleno de oscuros presagios, pues se enfrentaba al poderío militar español, al mando de un gran comandante; rodeado de una región despoblada; así en estas condiciones, se presenta ante el Congreso con un texto de una nueva Constitución, sabiamente pensada para conducir un país que había de crearse”.
Grases estuvo convencido de que todo aquello era “un juego de fantasía, manifestación de una quimera que sólo puede salir de una mente quijotesca. Pues bien; en estas condiciones, no se limita a proponer la Ley fundamental del Estado imaginario, sino que ofrece instituir una gran República, con la Nueva Granada, el Reino de Quito y Venezuela, que va a llamar Colombia en homenaje al Almirante, Y, además, lleva su delirio a escribir en el mensaje o exposición de motivos, con que presenta su plan de Constitución las siguientes palabras:
“Al contemplar la reunión de esta inmensa comarca, mi alma se remonta a la eminencia que exige la perspectiva colosal, que ofrece un cuadro tan asombroso. Volando por entre las próximas edades, mi imaginación se fija en los siglos futuros, y observando desde allá, con admiración y pasmo, la prosperidad, el esplendor, la vida que ha recibido esta vasta región, me siento arrebatado y me parece que ya la veo en el corazón del universo; extendiéndose sobre sus dilatadas cosas, entre esos océanos, que la naturaleza había separado, y que nuestra Patria reúne con prolongados y anchurosos canales.
Ya lo veo servir de lazo, de centro, de emporio a la familia humana; ya la veo enviando a todos los recintos de la tierra tesoros que abrigan sus montañas de plata y oro; ya lo veo distribuyendo por sus divinas plantas la salud y la vida a los hombres dolientes del antiguo universo; ya lo veo comunicando sus precisos secretos a los sabios que ignoran cuan superior es la suma de sus luces, a la suma de las riquezas , que le ha prodigado la naturaleza. Ya la veo sentada sobre el Trono de la Libertad, empuñando el cetro de las Justicia, coronada por la Gloria, mostrar al mundo antiguo la majestad del mundo moderno”.
Y al respecto, Grases escribe “Sobre nada, tanta ilusión, ¿no es quijotismo? Por tanto, ¿no es efectivamente hispánico?”. Y luego el escritor señala que tuvo Bolívar conciencia de que su acción, al contemplarla al final de su vida, era digna de ser considerada como algo quijotesco.
“Dícese que afirmó que en el mundo había habido tres grandes majaderos: Jesucristo, Don Quijote y Simón Bolívar. El joven mantuano, rico, poderoso en su infancia y juventud, bajaba a la tumba en la mayor pobreza por haber servido un ideal. ¿No es eso hondamente hispánico?
En realidad, no discutimos lo del quijotismo que pudo haber caracterizado la personalidad del Libertador, pero nos inclinamos mucho más a creer en su carácter visionario, de un hombre profundamente pensador, filósofo, lleno de ideas y de posibilidades y, por supuesto, dotado de un carácter que le permitía empujar sus ideas, su visión de patria y del mundo americano.

martes, 12 de mayo de 2009

Más sobre la procedencia del venezolano


Como el tema de nuestra procedencia ha sido tratado incompletamente, es importante continuar con quienes han tratado esos temas, pues ellos tienen más autoridad que quienes escribimos. En efecto, Rufino Blanco Fombona, periodista, escritor, ensayista y todo un pensador profundo, agrega en sus estudios acerca de nosotros y la época colonial de los venezolanos y como nos hemos ido formando, lo siguiente:


"El español, que ha impuesto su lengua y su religión, gobierna y practica las funciones superiores del culto.


El americano ejerce por concesión una que otra función de aparato, ya municipal, ya seudomilitar en cuerpos de milicia. Es agricultor, propietario, criador, rentista. Con esos apoyos iniciará, sin embargo, la Revolución".


La impresión que expresó Blanco Fombona es interesante, porque muestra dos aspectos de aquellos americanos que irían después a batallas para liberarse: El sentirse hijos de una tierra y, por otro lado, sentirse también capaces de luchar, al abrazar, muchos de ellos, el sentimiento militar en las milicias.


Habla el escritor de los pardos y escribe que "...ejerce pequeñas industrias en las ciudades, forma batallones de milicias con elementos de su clase, y en la jerarquía de este orden militar puede ascender hasta el grado de capitán. Ejerce algunas profesiones liberales, como la medicina. Es propietario y agricultor. Está sometido a leyes suntuarias.


El indio vive siempre bajo tutela. El Papa ha declarado que sí tiene alma; pero como no comprende abstracciones metafísicas, se le cree torpe en grado heroico. Es astuto como todos los débiles. La alegría y la audacia, en trescientos años de oprobio, lo han abandonado; es melancólico y tímido. En algunas provincias forma pueblos de su raza, gobernados por un corregidor, o bajo el régimen teocrático de religiosos católicos. Cultiva la tierra y es pastor. El indio, no sólo por hábito adquirido, sino por naturaleza, siempre fue pasivo, carneril, sin personalidad. El socialismo incásico da fe".


Este punto de Blanco Fombona es interesante también, porque demuestra varias cosas. En primer lugar que no contempla ni explica el sentido de lo que puede significar o formar parte inherente como la idea del determinismo geográfico. Eso por un lado. Y por el otro, el desconocimiento de un sentido cosmogónico entre las poblaciones indígenas, parte poco estudiada y comprendida y que es un asunto a estudiar por sociólogos y antropólogos.


Escribe Blanco Fombona del manusmiso y dice que "...puede ascender como el hombre de color libre. Si se fuga, durante cuatro meses, cae de nuevo en la esclavitud: es de quien lo aprese. Ejerce industrias, cultiva la tierra, vende, compra y es propietario.


El esclavo cultiva los campos, es sirviente doméstico. Por su mayor fortaleza física y su carácter más regocijado, es quizá, a pesar de la esclavitud, menos desgraciado que el indio. Su precio máximo en la Capitanía General de Caracas es de 300 pesos. Si los reúne, el esclavo puede libertarse a si mismo. Si el amo le maltrata y el esclavo lo comprueba, y encuentra nuevo amo que proponga comprarlo, el propietario está obligado a venderlo".

lunes, 11 de mayo de 2009

¿De dónde venimos los venezolanos?


En realidad a veces no le prestamos atención a ese punto que se refiere a nuestra procedencia y lo mestizos que hoy somos. Cualquiera puede decir que es blanco de cuna, otros dirán que su padre es negro y su madre es blanca, otros alegarán que son descendientes de españoles y que el pelo enrollado lo tienen por un pariente lejos de raza negra, mientras otros hablan de tener abuelas indígenas y negras y otros que son mezclados.
El asunto del mestizaje venezolano es terrífico, como dicen los gringos, pero no por terrible, sino porque la expresión demuestra algo así como muy interesante, entusiasmante y a la vez complicado. Otra pregunta que tiene valor y necesita respuestas es ¿Todos en Latinoamérica tenemos procedencias parecidas, muy diferentes, sin mezclas, con mezclas)
Desconozco al más puro de este país y de este continente suramericano, que diga que tiene una descendencia de sangre azul, lo cual sería altamente complicado porque quienes precisamente vinieron con Colón, tanto los que mandaban como los subalternos no eran personas descendientes de otras personas con lo que algunos denominan linaje, con títulos que a veces le acreditaban a la gente porque los compraban, los recibían por un excelente desempeño en una batalla donde a lo mejor liquidaron a unas cuantas personas o por las torceduras propias de las intrigas políticas que eran muy comunes en los palacios de los llamados reyes.
Si en algo aventajan los españoles a los gringos, alemanes y franceses y otros europeos, es que los hispanos no tuvieron dificultades para intimar con indias y negras. Por supuesto, ello no quiere decir que en las mejores condiciones, porque quienes acompañaron al marino aventurero, no eran exactamente hombres salidos de una academia de buenas costumbres.
Rufino Blanco Fombona, en Ensayos históricos, publicado por la Biblioteca Ayacucho, en 1981, refiere que “En aquel baraje de razas que se produjo en la colonia, y de donde saldrá el basamento de la nueva sociedad, una casta se conservará incontaminada, incólume, orgullosa, pura: la casta criolla, el blanco americano, vástago de conquistadores y pobladores, que será una suerte de nobleza, y que así se llama. Los hombres de esta casta pudieron cohabitar con indias y aún con negras, pero el fruto de esos placeres no lo elevaban socialmente a la condición del padre. Quedaba siendo pueblo.
Las castas, pues, están muy bien delimitadas. Los blancos son muy celosos de sus prerrogativas.
Apurado de dinero y poco escrupuloso, dictó el Monarca de España, a promedios del siglo XVIII, una cédula que se vendía a pardos y mestizos. Se llamaba Cédula de gracias al sacar. Según tarifa, proporcionada a la mayor o menor cantidad de sangre africana, se declara por dicha cédula blancos a los que no lo son. Los americanos blancos pusieron el grito en el cielo”.
Es apreciable, en este sentido histórico aunque siempre actual, ese hecho de la pertenencia a grupos elitescos. Pero Blanco Fombona continúa con el tema y escribe que “Con ese espíritu de toda agrupación, espíritu de defensa y exclusivismo, que hace posible la armonía y aun la existencia entre los distintos centros sociales, los blancos se unificaron y defendieron contra las clases étnicas inferiores y ante el rey. Porque la cuestión era para ellos de mucha entidad. No es que el pardo, por un decreto comprado, fuera étnicamente al blanco, sino que ascendía, en principio, al nivel social de éste, y era apto desde ese punto para ejercer aquellas escasas funciones, más aparatosas que importantes, que el español concedía al colono blanco, pero que bastaban, sin embargo, para conferir a éste el primer puesto en el país donde vivía”. Y más adelante, el periodista y escritor añade:
“La gente de color, encontrando el obstáculo de los criollos, no pudo, a pesar de las cédulas reales, obtener preponderancia social ni política durante la colonia. Mayor cien veces la obtuvo luego, con la República.
Tenemos, pues , una sociedad de castas, a saber: el español, el criollo, el pardo, el indio, los libertos y los esclavos. Entre estas castas hay lucha, ya sorda, ya manifiesta, pero constante; lucha que los españoles dirigentes aprovecharán algunas veces para sus fines de dominación. Ya iniciada la independencia, y por mucho tiempo, España se apoyará en el pueblo contra la oligarquía criolla, que es la que revoluciona”.
Un tema emocionante, porque es irse a esa historia de creación de nacionalidades, es conocer, es sentir muy de cerca la historia y es comprender lo que ahora somos.

lunes, 4 de mayo de 2009

Los próceres latinoamericanos:la raza nueva


Grato e interesante apreciar, como escritores, investigadores talentosos de la historia que fueron, tal es el caso de Rufino Blanco Fombona, califican a quienes llevaron sobre sus hombros la independencia de nuestra América.
Al hacer un escrito sobre el carácter de la revolución independentista, el periodista escribe:
“España, a fuero de conquistadora, ejerció la soberanía de acuerdo con su carácter y educación nacionales, como mejor le parecía. Era lógico, reprocharle su conducta, sobre ocioso es absurdo, y probar que se ignoraban las leyes sociológicas”. Más adelante, el autor añade que “… sería ignorancia de esas mismas leyes el condenar la Revolución. Para fines del siglo XVIII ya estaba en sazón en América una raza de hombres, hijos de conquistadores y colonizadores europeos, que podían dirigir una corriente de opinión adversa a la madre patria; las circunstancias exteriores fueron propicias, y sobrevino la Revolución De la Independencia”.
Pero no solo era la visión que Blanco Fombona tenía sobre nuestros héroes, esa raza de hombres, que para nosotros los seguidores de la historia fue de aquilatado valor, porque el escritor es duro en sus comentario sobre quienes manejaban la madre patria y así lo relata:
“En plena decadencia política, industrial y mercantil; entregada a un rey inepto como Carlos IV, a una mujer liviana como María Luisa y a un favorito de alcoba como Godoy, España, ciega y paralítica, n podía conducir a los que tenían ojos y piernas, a un pueblo situado a dos mil leguas de distancia, con población y territorio mayores que los de la metrópolis, animado en sus mejores hijos del espíritu revolucionario de 1789 y con fuentes de riqueza maravillosas que estaba mirando inútiles por la incuria e incapacidad de los dominadores”.
Profundamente sabio, Rufino Blanco Fombona aclara en su texto –con ese carácter de buen escritor, pero periodista también- cuando señala entre paréntesis que no culpemos a la madre patria: primero, porque estas páginas no son un juicio, sino descarnada sumaria exposición de fenómenos sociales; luego porque recordando el ejemplo de Inglaterra, que en condiciones menos desventajosas perdió sus colonias de Norteamérica”.
Escribió este pensador asuntos tan claros y reiteró que no debíamos olvidar que, “el móvil de la fundación de los sistemas políticos han sido un móvil económico, y que siempre se ha tratado por cierto número de hombres de llegar a un grado superior de bienestar material; pero recordemos también que el anhelo de nuestros padres no se limitaba a una mejora económica exclusivamente. Era mayor su plan. Luchaban por instituir la nacionalidad, pensamiento al cual estaba subordinado el de beneficios materiales o con más propiedad, toda aspiración o móvil subalterno quedaba comprendido en el anhelo de adquirir patria. Sus ideas económicas fueron claras. Ellos rompieron desde el principio con el sistema de exclusivismo y monopolios desde la madre patria, ofrecieron el país al comercio del mundo y decretaron libertad de industrias”.

domingo, 19 de abril de 2009

El concepto de escuela pública del Libertador


Comentó también en El magisterio Americano de Bolívar el Maestro de Maestros, Luis Beltrán Prieto Figueroa (1902-1993), propulsor de la educación venezolana y de la Sociedad de Maestros de Instrucción Primaria, que cualquiera pudiese haber pensado que el concepto de escuela pública que tenía Simón Bolívar a lo mejor provenía de Quintiliano (1), pues al escribir (Bolívar) un trabajo en 1825 sobre “La instrucción pública”, sostenía:
“Quintiliano prefiere las escuelas públicas a la enseñanza privada, porque además de las ventajas que proporciona el roce y trato con gentes de distintos genios, aquí, dice, es donde se contraen las verdaderas amistades, aquellas que duran toda la vida”.
Luego adiciona Prieto Figueroa que “…la escuela pública como la concebía Bolívar no la conocieron los romanos, pues se trata de una institución hija de la Reforma. Lo que Quintiliano denominaba escuela pública, debería llamarse más bien escuela abierta al público, en oposición a la escuela hogareña. Esa escuela abierta al público la abría un maestro que recibía varios alumnos que le pagaban su enseñanza. Es lo que hoy conocemos como escuela privada, y en la cual no intervenía el Estado ni tenía forma alguna de reglamentación pública, a no ser en lo referente a la moralidad, que en Roma era vigilada aún dentro de la vida privada”.

No hay libertad donde hay ignorancia
Destacó este reconocido educador que lo importante era destacar que la llamada obligatoriedad de la educación pública en el Libertador respondía al hecho de afirmar la libertad y desaparecer los efectos de la tiranía y de la esclavitud, y al respecto habría dicho que “No puede haber libertad donde hay ignorancia. La esclavitud es hija de las tinieblas. Un pueblo ignorante es instrumento ciego de su propia destrucción”.
En efecto, para este educador de Nueva Esparta, la experiencia de Bolívar le había demostrado “cómo la causa de la libertad, por la cual luchaba, no era entendida por todos como un bien supremo. Los propios esclavos libertados continuaban bajo la férula de sus antiguos amos y les seguían a otras tierras donde eran vendidos”. Bolívar argüía en el Discurso de Angostura que “el pueblo ignorante se engaña más fácilmente que la naturaleza perfeccionada por la educación”.
Así, sostenía Prieto Figueroa, que en todo ello recordaba, sin duda, a Diderot, para quien era más difícil oprimir a un campesino que sepa leer y escribir que a otro ignorante.
“Pero no se trataba sólo del pueblo ignorante. Muchos de sus capitanes procedieron en forma torcida, que comprometió no pocas veces el destino de la obra emancipadora. /Traición y servilismo/ consideró Blanco-Fombona esa actitud (2). Lo cierto es que las ideas generosas no son comprendidas en toda su amplitud sino por mentes lúcidas y por espíritus cultivados, deslastrados de prejuicios y de hábitos mentales demasiado limitadores. Las grandes verdades sólo se abren paso por entre la cerrazón de siglos, después que la educación las ilumina, y más que la educación, tomada en su sentido estricto, la cultura que ventila, aclara y pule las conciencias y pone en circulación nuevas maneras de interpretar y comprender el mundo. El propio Libertador justifica ese comportamiento de sus compatriotas, a veces inexplicable. /El contagio del despotismo, dice, ha impregnado nuestra atmósfera, y ni el fuego de la guerra y el específico de nuestras saludables leyes han purificado el aire que respiramos. Nuestras manos están libres y todavía nuestros corazones padecen de las dolencias de la servidumbre/.
“Después de libertar las manos atadas –escribió el Maestro Prieto-, de terminar con la servidumbre física y política, era necesario liberar los espíritus de la servidumbre moral, del peso espiritual de una situación de sometimiento que empequeñece a los hombres y los hace víctimas aún de lo que detestan, convirtiéndolos en enemigos natos de su propia existencia “.
“Para fundamentar sus reclamaciones –sigue Prieto- de un sistema estatal de educación, Bolívar argumentaba en Angostura: Uncido el pueblo americano al triple yugo de la ignorancia, de la tiranía y del vicio, no hemos podido adquirir ni saber ni poder, ni virtud. Discípulos de tan perniciosos maestros, las lecciones que hemos recibido y los ejemplos que hemos estudiado, son los más destructores. Por el engaño se nos ha dominado más que por la fuerza; y por el vicio se nos ha degradado más bien que por la superstición. Y proseguía: la ambición, la intriga, abusan de la credulidad y de la experiencia de hombres ajenos a todo conocimiento político, económico o civil, adoptan como realidad las que son puras ilusiones, toman la licencia por la libertad, la traición por el patriotismo, la venganza por la justicia; semejante a un robusto ciego que, instigado por el sentimiento de sus fuerzas, marcha con la seguridad del hombre más perspicaz, y dando en todos los escollos no puede rectificar sus pasos “.


(1)
QUINTILIANO, Marco Fabio
Escritor y retórico latino
Siglo 1, hacia el año 35
(2)
BLANCO-FOMBONA, Rufino
El pensamiento vivo de Bolívar
Buenos Aires, Edit. Losada, 1944

Bolívar y el Estado Educador


En opinión del Maestro Luis Beltrán Prieto Figueroa, ex Ministro de Educación venezolano, Simón Bolívar sabía que la educación tenía una función transformadora en los seres humanos y que sin ella no habría asiento duradero para la libertad del pueblo ni asidero para la independencia. (1)
Añade Prieto que “El pensamiento educativo de Bolívar corre impreso en cartas, discursos y documentos públicos. Algunos señalan en ese pensamiento las huellas de Rousseau y de otros pensadores de la época, lo que no es de extrañar, porque los hombres representativos de un período histórico tienen un marco de referencia dentro del cual se expresan las preocupaciones del momento. La personalidad original toma de ese marco para revertirlo luego en él, ya enriquecido con las aportaciones personales, los conceptos de que se sirven para hacerse entender por sus contemporáneos. Sólo quien habla el lenguaje de su época puede hacerse comprender de sus coetáneos. Los que comandan y dirigen, si aspiran a ser oídos y seguidos, deben expresarse con las ideas que, por formar parte del substrátum de todas las conciencias, alcanzan resonancias en éstas”.
La educación, instrumento de realización
Establece el educador las diferencias entre Rousseau y el Libertador y dice que el primero era un filósofo mientras el segundo fue un político y estadista. Consideró que el filósofo pensaba a la educación como idea, mientras Bolívar la consideraba un instrumento de realización indispensable en la obra de buen manejo del Estado. Por ello precisa Prieto Figueroa que “…en la mayoría de los casos no coinciden el pensamiento de Bolívar y el de Rousseau, sino que, antes bien, se contraponen o excluyen”.
Más adelante, escribe que “El ginebrino planeó la educación de Emilio en contacto con la naturaleza para separarlo de la influencia nociva de la sociedad. Su discípulo, perteneciente a la clase acomodada, podía pagarse una educación con un ayo previsor. Para Bolívar el problema era educar a todo un pueblo, y por ello crea la educación pública obligatoria en Colombia, el Perú y Bolivia, y la pone bajo el cuidado del Estado, pues es a éste, según sus ideas, al que corresponde crear y dirigir la educación. Sobre esta doctrina fue suficientemente explícito en el Discurso de Angostura y en el proyecto de Cámara de Educación que formaba parte de su propuesto Poder Mora. Afirmaba: “Pertenece exclusivamente a la Cámara establecer, organizar y dirigir las escuelas primarias, así de niños como de niñas”.
Llamado también el Maestro de América, Prieto Figueroa sostenía que para Rousseau la que educación pública presuponía una sociedad de hombres libres, mientras que para Simón Bolívar la libertad era algo que se forjaba mediante la educación.
No tenemos razones para dudar que la educación es un herramienta de transformación de las sociedades y un instrumento valioso que fortalece las capacidades de construcción de un país; pero también es interesante entender que es la propia educación en el hombre la que le permite ser más libre, más soberano e independiente. Argumentamos así que, con la educación, tenemos capacidad para entender el mundo en el cual vivimos, respetarlo y transformarlo para beneficio integral de quienes lo integramos.










(1) PRIETO FIGUEROA, Luis Beltrán
El Magisterio americano de Bolívar
Colección Claves de América
Biblioteca Ayacucho
10/ 2006